Un bosque, un arrecife e incluso nuestro intestino esconden relaciones entre seres vivos que dependen unos de otros para alimentarse, protegerse o desarrollarse. Los ejemplos de simbiosis permiten descubrir que la naturaleza no funciona únicamente mediante la competencia: también existen asociaciones estrechas entre especies. Algunas benefician a ambos participantes; otras favorecen a uno sin afectar de manera apreciable al otro, y algunas causan daño. Conocer estas diferencias ayuda a comprender cómo se organizan los ecosistemas.

¿Qué es la simbiosis y qué tipos existen?
La simbiosis, en su sentido amplio, es una asociación estrecha y duradera entre organismos de especies distintas. Sus participantes reciben el nombre de simbiontes. No basta con que dos animales coincidan en un lugar: debe existir una relación mantenida, como la de un microorganismo que vive dentro de otro ser vivo.
En algunos materiales escolares, la palabra se utiliza únicamente para relaciones de beneficio mutuo. Sin embargo, la definición amplia incluye tres tipos principales, diferenciados por sus efectos sobre cada participante:
- Mutualismo: ambas especies obtienen beneficios, como ocurre entre muchos hongos y raíces de plantas.
- Comensalismo: una especie se beneficia y la otra no resulta beneficiada ni perjudicada de forma apreciable.
- Parasitismo: una especie obtiene recursos a costa de otra, llamada hospedador, a la que perjudica.
Los líquenes: una asociación entre hongos y organismos fotosintéticos
Esas manchas o pequeñas estructuras que aparecen sobre rocas y cortezas pueden ser líquenes. No son plantas: están formados por una asociación cuyo componente principal es un hongo, acompañado por un alga verde o una cianobacteria. En muchos líquenes también participan otros microorganismos.
El alga o la cianobacteria realiza la fotosíntesis y produce sustancias orgánicas que alimentan al conjunto. El hongo aporta estructura, retiene agua y ayuda a obtener minerales. Esta combinación permite que muchos líquenes colonicen superficies donde otras formas de vida tienen dificultades para establecerse.
Tradicionalmente se presentan como un ejemplo de mutualismo, aunque sus relaciones internas son más complejas que un intercambio perfectamente equilibrado. Además, algunos líquenes son sensibles a la contaminación atmosférica y se utilizan como indicadores de la calidad del aire.
Micorrizas y bacterias: aliados de las raíces
Bajo el suelo aparecen dos ejemplos de simbiosis fundamentales para la vegetación. Las micorrizas son asociaciones entre hongos y raíces. Los filamentos del hongo exploran zonas del suelo que la raíz no alcanza con facilidad y favorecen la absorción de agua y nutrientes, especialmente fósforo. La planta proporciona al hongo compuestos orgánicos producidos mediante la fotosíntesis.
Otra relación se establece entre leguminosas, como guisantes y tréboles, y ciertas bacterias fijadoras de nitrógeno. Estas viven en estructuras de las raíces llamadas nódulos. Allí transforman el nitrógeno atmosférico en formas que la planta puede aprovechar, mientras reciben alimento y un entorno adecuado.
No conviene confundir ambas asociaciones: las micorrizas ayudan principalmente a explorar y aprovechar el suelo; las bacterias de los nódulos permiten incorporar nitrógeno del aire al sistema biológico.
Corales y peces payaso: simbiosis en el mar
Muchos corales constructores de arrecifes albergan microalgas fotosintéticas en sus tejidos. Estas les proporcionan una parte importante de su alimento. A cambio, encuentran protección y aprovechan sustancias liberadas por el coral. Cuando el calor provoca la pérdida de estas algas o de sus pigmentos, aparece el blanqueamiento coralino. El coral no muere necesariamente de inmediato, pero queda debilitado.
El pez payaso mantiene otra asociación con determinadas anémonas. Se refugia entre sus tentáculos gracias a adaptaciones relacionadas con su cubierta mucosa y su aclimatación. La anémona puede recibir nutrientes de sus desechos y protección frente a ciertos enemigos. Aunque ambos ejemplos son mutualistas, sus mecanismos son distintos: uno implica organismos microscópicos dentro de tejidos y el otro, convivencia y protección.
Ejemplos donde no todos obtienen el mismo beneficio
La simbiosis no siempre equivale a cooperación. Para clasificar una relación, lo importante es observar qué obtiene o pierde cada especie, no solo comprobar que viven juntas.
- Orquídeas epífitas y árboles: muchas orquídeas crecen sobre ramas para acceder a la luz sin extraer alimento del árbol. Cuando no le causan efectos apreciables, es comensalismo.
- Tenias y mamíferos: estos parásitos viven en el intestino y absorben nutrientes del hospedador, al que pueden causar problemas de salud. Es parasitismo.

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