Una tortuga marina, una serpiente y un cocodrilo parecen animales muy distintos, pero comparten características que permiten relacionarlos. La clasificación de los reptiles ayuda a comprender esas semejanzas y a reconocer sus diferencias. En la clasificación tradicional utilizada en la escuela, los reptiles actuales se distribuyen en cuatro grandes grupos: quelonios, escamosos, crocodilios y rincocéfalos. Para distinguirlos no basta con observar si tienen patas o dónde viven: también importan su anatomía y su historia evolutiva.

¿Qué características permiten clasificar a los reptiles?
Los reptiles son animales vertebrados, es decir, poseen columna vertebral y esqueleto interno. Respiran mediante pulmones durante toda su vida y tienen una piel relativamente seca, con escamas o escudos que ayudan a reducir la pérdida de agua. Incluso las tortugas acuáticas necesitan subir a la superficie para respirar.
En los grupos estudiados tradicionalmente como reptiles, la temperatura corporal depende principalmente del ambiente: son ectotermos. Por eso pueden tomar el sol para calentarse o refugiarse en la sombra para evitar el exceso de calor. Muchos ponen huevos con cubiertas protectoras, aunque algunas serpientes y lagartos paren crías vivas.
La clasificación científica actual se basa en el parentesco evolutivo. Desde esta perspectiva, las aves también pertenecen al linaje de los reptiles, pues descienden de dinosaurios. Sin embargo, para reconocer los reptiles no avianos actuales, resulta útil estudiar los cuatro órdenes tradicionales.
Quelonios: tortugas con un caparazón protector
Los quelonios, pertenecientes al orden Testudines, incluyen las tortugas terrestres, las de agua dulce y las marinas. Su rasgo más reconocible es el caparazón: la parte superior se llama espaldar y la inferior, plastrón. Esta estructura está integrada con el esqueleto, de modo que una tortuga no puede salir de su caparazón.
Las tortugas actuales carecen de dientes y cortan el alimento con un pico córneo. Sus extremidades varían según el hábitat, lo que permite diferenciar adaptaciones dentro del mismo grupo.
- Tortugas terrestres: presentan patas robustas que sostienen el cuerpo al caminar; un ejemplo es la tortuga mediterránea.
- Tortugas de agua dulce: muchas tienen membranas entre los dedos que facilitan la natación, como el galápago europeo.
- Tortugas marinas: poseen extremidades transformadas en aletas; la tortuga boba es uno de sus representantes.
Escamosos: lagartos, serpientes y anfisbenas
El orden Squamata reúne la mayor diversidad de reptiles actuales. Incluye lagartos, serpientes y anfisbenas. Su piel está cubierta de escamas y se renueva mediante la muda. En muchas serpientes, la capa externa puede desprenderse casi entera; en numerosos lagartos se desprende por fragmentos.
Aunque solemos asociar los lagartos con cuatro patas, existen especies sin extremidades. Por eso, no todo reptil alargado y sin patas es una serpiente. Para distinguirlos también se examinan características como los párpados, las aberturas auditivas y la estructura del cráneo.
- Lagartos: incluyen iguanas, camaleones, geckos y varanos, con tamaños y formas de vida muy variados.
- Serpientes: carecen de patas funcionales y de párpados móviles; ejemplos conocidos son las boas, las cobras y las culebras.
- Anfisbenas: están adaptadas principalmente a excavar; suelen tener cuerpo cilíndrico, ojos reducidos y aspecto anillado.
Crocodilios: cocodrilos, caimanes y gaviales
El orden Crocodylia agrupa cocodrilos, aligátores, caimanes y gaviales. Son reptiles semiaquáticos con cola musculosa, mandíbulas potentes y ojos y fosas nasales situados en la zona superior de la cabeza. Esa disposición les permite observar y respirar mientras mantienen gran parte del cuerpo sumergido.
Todos son carnívoros, aunque sus presas cambian según la especie y la edad. El gavial, por ejemplo, tiene un hocico muy estrecho que favorece la captura de peces. Los crocodilios también destacan por el cuidado de sus crías: las hembras suelen proteger el nido y ayudar a los recién nacidos.
Una curiosidad importante: están más emparentados con las aves que con los lagartos. Ambos linajes forman parte del grupo de los arcosaurios.
Rincocéfalos: el singular caso del tuátara
Los rincocéfalos, del orden Rhynchocephalia, están representados actualmente por el tuátara de Nueva Zelanda. Aunque su apariencia recuerda a la de una iguana, no es un lagarto: pertenece a un linaje diferente, mucho más diverso en el pasado.
El tuátara presenta una disposición dental particular: dos filas de dientes superiores encajan con una inferior. Además, puede vivir muchas décadas y desarrolla su actividad a temperaturas relativamente bajas para un reptil. Su ejemplo demuestra que clasificar animales exige mirar más allá del parecido externo y estudiar su parentesco.

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