Las perseidas son una de las lluvias de meteoros más conocidas y fáciles de observar durante el verano. Cada año, la Tierra atraviesa una zona del espacio llena de diminutos fragmentos de polvo y roca, y algunos de ellos entran en nuestra atmósfera a gran velocidad. Al calentarse y brillar, producen las conocidas “estrellas fugaces”. Aunque parecen salir de un punto concreto del cielo, las perseidas son en realidad partículas relacionadas con un cometa y no estrellas que caen sobre la Tierra.

 
Infografia sobre ¿Qué son las perseidas?

¿Por qué se llaman perseidas?

El nombre perseidas procede de la constelación de Perseo. Si prolongamos hacia atrás las trayectorias de muchos meteoros, parece que todos nacen de una misma zona del cielo, llamada radiante. En este caso, el radiante se encuentra cerca de Perseo, una constelación visible en el cielo nocturno del hemisferio norte.

Este efecto es solo una ilusión de perspectiva. Los meteoros viajan por trayectorias casi paralelas, pero desde nuestra posición parecen separarse desde un único punto, igual que las vías de un tren parecen juntarse en la distancia. Por eso, no es necesario mirar directamente a Perseo para ver perseidas: pueden aparecer en distintas partes del firmamento.

  • Se observan principalmente desde el hemisferio norte.
  • El radiante se sitúa en la zona del cielo cercana a Perseo.
  • El nombre identifica el origen aparente de la lluvia, no el lugar exacto donde nacen las partículas.

¿Qué relación tienen con el cometa Swift-Tuttle?

La fuente de las perseidas es el cometa 109P/Swift-Tuttle. Cuando este cometa se acerca al Sol, el calor libera polvo y pequeños fragmentos de hielo y roca. Con el paso del tiempo, esos materiales quedan repartidos a lo largo de su órbita, formando una especie de sendero de residuos espaciales.

Cada año, la Tierra cruza ese sendero durante su recorrido alrededor del Sol. Las partículas chocan con la atmósfera a una velocidad aproximada de 59 kilómetros por segundo. El cometa Swift-Tuttle tarda alrededor de 133 años en completar una vuelta alrededor del Sol y su último paso por las cercanías de la Tierra ocurrió en 1992.

Es importante distinguir entre un meteoroide y un meteoro. El fragmento que viaja por el espacio es un meteoroide; el destello que produce al entrar en la atmósfera es un meteoro. Si una parte llega al suelo, recibe el nombre de meteorito, algo que normalmente no sucede con las perseidas porque sus partículas son muy pequeñas.

¿Cuándo pueden verse mejor?

La actividad de las perseidas suele comenzar hacia el 17 de julio y termina alrededor del 24 de agosto. Su máximo se produce normalmente entre el 11 y el 13 de agosto, aunque la fecha exacta y la cantidad visible pueden variar ligeramente cada año.

En condiciones perfectas, lejos de las ciudades y sin Luna brillante, pueden observarse hasta unos 50 o 100 meteoros por hora durante el máximo. Esta cifra es una estimación ideal: las nubes, la contaminación lumínica, la posición del radiante y la luz de la Luna pueden reducir mucho la cantidad de destellos visibles.

La mejor franja suele ser desde después de la medianoche hasta antes del amanecer, porque en ese momento la parte de la Tierra donde nos encontramos está orientada hacia la dirección de avance de nuestro planeta por el espacio.

Cómo observar las perseidas sin instrumentos

No hace falta utilizar telescopio ni prismáticos. De hecho, un campo de visión amplio permite detectar más meteoros. Lo más importante es elegir un lugar oscuro y dejar que los ojos se acostumbren gradualmente a la falta de luz.

Para disfrutar de la observación, conviene seguir algunas recomendaciones sencillas:

  • Alejarse de farolas, edificios y zonas con mucha iluminación.
  • Consultar la previsión meteorológica y escoger una noche despejada.
  • Tumbarse o sentarse cómodamente mirando una amplia zona del cielo.
  • Esperar entre 20 y 30 minutos para que la vista se adapte a la oscuridad.
  • Evitar mirar el teléfono, ya que su pantalla dificulta volver a acostumbrarse a la oscuridad.
  • Llevar ropa de abrigo, agua y paciencia: los meteoros aparecen de forma irregular.

¿Son peligrosas las perseidas?

Las perseidas no representan un peligro para las personas. La mayoría de sus partículas son diminutas y se desintegran a gran altura, normalmente entre unos 80 y 100 kilómetros sobre la superficie terrestre. El brillo que vemos no se debe a que el fragmento esté ardiendo como una piedra en una hoguera, sino a la interacción entre el meteoroide y los gases de la atmósfera.

Al entrar a gran velocidad, la partícula comprime y calienta el aire que tiene delante. Ese proceso produce una estela luminosa que puede durar solo una fracción de segundo, aunque algunos meteoros muy brillantes permanecen visibles durante más tiempo. En ocasiones aparecen bólidos, meteoros excepcionalmente luminosos que pueden llamar la atención incluso desde lugares con contaminación lumínica.

Observar las perseidas permite comprender que la Tierra no viaja por un espacio completamente vacío. También ayuda a relacionar varios fenómenos: el movimiento de los cometas, la órbita terrestre, la atmósfera y la manera en que percibimos el cielo desde nuestro planeta. Por eso, cada agosto la lluvia de meteoros se convierte en una oportunidad sencilla y emocionante para acercarse a la astronomía.