Cuando miramos una estrella, parece una pequeña esfera luminosa, pero en realidad es una enorme masa de gas muy caliente organizada en distintas capas. El Sol, por ejemplo, tiene una estructura interna y una atmósfera exterior, y cada parte cumple una función relacionada con la producción, el transporte y la emisión de energía. Conocer las partes de una estrella ayuda a comprender cómo nace, cómo brilla y qué ocurre durante su evolución. Aunque no todas las estrellas son exactamente iguales, muchas comparten una organización general que los astrónomos pueden estudiar mediante la luz, las ondas y los modelos científicos.

¿Qué hay en el centro de una estrella?
La parte más profunda es el núcleo. Allí se concentra una gran cantidad de materia y la presión es enorme debido al peso de todas las capas superiores. Por eso, la temperatura puede alcanzar millones de grados.
En el núcleo ocurre la fusión nuclear, el proceso que permite a una estrella producir energía. En estrellas como el Sol, los núcleos de hidrógeno se unen para formar helio y, durante ese proceso, se libera una enorme cantidad de energía. Esta energía comienza su largo viaje hacia el exterior en forma de radiación.
El núcleo no es una llama como las de una fogata: no necesita oxígeno para arder. Su brillo procede de reacciones nucleares que transforman una pequeña parte de la masa en energía, de acuerdo con la famosa relación entre masa y energía de Einstein.
- El núcleo es la zona más caliente y densa.
- En él se fabrican elementos nuevos mediante reacciones nucleares.
- Su tamaño y temperatura dependen de la masa y la edad de la estrella.
¿Cómo llega la energía desde el núcleo hasta la superficie?
Después de generarse, la energía atraviesa varias regiones internas. La primera puede ser la zona radiativa, donde la energía avanza principalmente mediante partículas de luz llamadas fotones. Estos chocan una y otra vez con la materia, por lo que el recorrido puede ser extremadamente lento, aunque la luz viaje muy rápido entre cada choque.
Más cerca del exterior se encuentra la zona convectiva en muchas estrellas, incluido el Sol. En ella, el plasma caliente asciende, se enfría al acercarse a las capas superiores y vuelve a descender. Este movimiento, parecido al del agua que hierve, transporta energía mediante corrientes de materia.
La distribución de estas zonas no es idéntica en todas las estrellas. Las más masivas pueden tener un núcleo convectivo y una zona radiativa exterior, mientras que las estrellas de menor masa presentan estructuras diferentes. Por eso, estudiar las partes de una estrella también permite compararlas según su tamaño y temperatura.
- Transporte radiativo: la energía se desplaza mediante fotones.
- Transporte convectivo: el plasma caliente sube y el frío baja.
- La estructura interna cambia según la masa de la estrella.
¿Qué es la fotosfera y por qué podemos verla?
La fotosfera es la capa desde la que parece salir la mayor parte de la luz visible de una estrella. No es una superficie sólida, como el suelo de un planeta, sino una región de gas relativamente delgada comparada con el tamaño total de la estrella. Cuando observamos el Sol con instrumentos adecuados, estamos viendo principalmente su fotosfera.
En ella pueden aparecer manchas estelares, zonas algo más frías y oscuras que el entorno. En el Sol, estas manchas están relacionadas con campos magnéticos intensos. También se observan gránulos, pequeñas regiones brillantes producidas por el movimiento del plasma en la zona convectiva.
La temperatura de la fotosfera determina en gran medida el color aparente de una estrella. Las estrellas más calientes suelen verse azuladas o blancas, mientras que las más frías tienden a mostrar tonos amarillos, naranjas o rojizos. El color, por tanto, ofrece una pista sobre sus propiedades.
- La fotosfera es la capa visible en luz ordinaria.
- No es una superficie sólida.
- Su color y sus manchas aportan información sobre la temperatura y el campo magnético.
¿Qué capas forman la atmósfera estelar?
Por encima de la fotosfera se encuentra la cromosfera, una capa más tenue que puede observarse con filtros especiales o durante algunos eclipses solares. Su temperatura aumenta hacia el exterior y en ella se producen fenómenos relacionados con la actividad magnética, como chorros y llamaradas.
La capa más externa es la corona. Es muy extensa, poco densa y alcanza temperaturas de millones de grados, incluso superiores a las de la fotosfera. A pesar de su temperatura, contiene tan pocas partículas que emite menos luz visible y suele observarse mejor durante un eclipse total de Sol o con telescopios especiales.
Desde la corona parte el viento estelar, un flujo de partículas que se aleja continuamente de la estrella. En el caso del Sol, este viento puede interactuar con la Tierra y provocar auroras, además de afectar a satélites y sistemas de comunicación.
- Cromosfera: capa exterior situada sobre la fotosfera.
- Corona: atmósfera muy caliente y poco densa.
- Viento estelar: corriente de partículas que escapa al espacio.
¿Son iguales las partes de todas las estrellas?
No. La estructura de una estrella depende sobre todo de su masa, composición química y etapa de vida. Una estrella joven y estable, como el Sol, transforma hidrógeno en helio en su núcleo. Cuando ese hidrógeno comienza a agotarse, el núcleo se contrae y las capas exteriores pueden expandirse: la estrella se convierte en una gigante roja.
Las estrellas muy masivas pueden producir elementos cada vez más pesados en su interior y terminar explotando como supernovas. Después, su núcleo puede convertirse en una estrella de neutrones o en un agujero negro. Las estrellas menos masivas evolucionan de otra manera y pueden terminar como enanas blancas.
Así, las partes de una estrella no son estructuras inmóviles. Cambian con el tiempo porque cambian la temperatura, la presión y las reacciones del interior. Observar distintas estrellas es como mirar diferentes momentos de una larga historia cósmica.
- La masa inicial influye en la temperatura, el brillo y la duración de la estrella.
- Las estrellas cambian de estructura durante su evolución.
- El final puede ser una enana blanca, una estrella de neutrones o un agujero negro, según su masa.

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