La Tierra parece una esfera sólida, pero en su interior ocurren procesos extraordinarios. Bajo nuestros pies existen capas con distinta composición, temperatura, presión y estado físico. Aunque no podemos llegar directamente a las zonas más profundas, la ciencia ha logrado conocerlas mediante el estudio de las ondas sísmicas, el campo magnético y los materiales expulsados por algunos volcanes. Comprender la estructura interna de la Tierra ayuda a explicar fenómenos como los terremotos, la formación de montañas, el movimiento de los continentes y la actividad volcánica.

 
Infografia sobre Estructura interna de la Tierra

¿Cómo se divide el interior de la Tierra?

La Tierra se organiza en grandes capas concéntricas, como si fuera una cebolla. La división más conocida tiene en cuenta la composición de los materiales y distingue tres zonas: corteza, manto y núcleo. Cada una presenta características propias y participa de manera diferente en la dinámica del planeta.

La corteza es la capa más externa y delgada. Su espesor varía: la corteza oceánica suele medir entre 5 y 10 kilómetros, mientras que la continental puede superar los 30 kilómetros y alcanzar más de 70 kilómetros bajo algunas cordilleras. La corteza, junto con la parte superior rígida del manto, forma la litosfera, que está fragmentada en placas tectónicas.

  • Corteza: capa superficial, sólida y relativamente fría.
  • Manto: zona intermedia, muy extensa y formada principalmente por rocas calientes.
  • Núcleo: región central, rica en hierro y níquel, con temperaturas muy elevadas.

El manto: una capa enorme y dinámica

El manto se encuentra debajo de la corteza y llega hasta unos 2.900 kilómetros de profundidad. Está compuesto por rocas sólidas, pero debido a la enorme temperatura y presión puede deformarse lentamente, de una forma parecida a un material muy espeso. Por eso no debe imaginarse como un océano de roca líquida: la mayor parte del manto permanece sólida.

En el manto se producen corrientes de convección. El material más caliente asciende y el más frío desciende, generando movimientos lentos que contribuyen al desplazamiento de las placas tectónicas. Este proceso puede tardar millones de años, pero sus efectos transforman continuamente la superficie terrestre.

  • El manto superior incluye una zona parcialmente más flexible llamada astenosfera.
  • El manto inferior soporta presiones mucho mayores y es más compacto.
  • El movimiento del manto favorece la renovación y el desplazamiento de las placas.

¿Qué hay en el núcleo terrestre?

El núcleo comienza aproximadamente a 2.900 kilómetros de profundidad y se extiende hasta el centro de la Tierra, situado a unos 6.371 kilómetros bajo la superficie. Está formado sobre todo por hierro y níquel, elementos muy densos que se concentraron en el centro cuando el planeta se formó.

Se divide en núcleo externo y núcleo interno. El núcleo externo es líquido y sus movimientos generan el campo magnético terrestre, una especie de escudo que desvía gran parte de las partículas procedentes del Sol. El núcleo interno es sólido, aunque alcanza temperaturas comparables a las de la superficie del Sol; la enorme presión impide que se funda por completo.

  • Núcleo externo: líquido y en movimiento.
  • Núcleo interno: sólido y sometido a una presión extrema.
  • Campo magnético: protege a la Tierra de parte de la radiación y del viento solar.

¿Cómo sabemos qué hay bajo nuestros pies?

Los científicos no han perforado hasta el manto profundo ni mucho menos hasta el núcleo. La principal herramienta para estudiar el interior terrestre son las ondas sísmicas, que se producen durante los terremotos y viajan por el planeta. Al cambiar de velocidad, desviarse o dejar de atravesar ciertas zonas, revelan que existen límites entre materiales diferentes.

Las ondas P pueden viajar por sólidos y líquidos, mientras que las ondas S solo atraviesan sólidos. El hecho de que las ondas S no pasen por el núcleo externo demuestra que esa región es líquida. También se analizan la densidad media del planeta, las rocas volcánicas y los meteoritos, ya que contienen pistas sobre los materiales que formaron la Tierra.

  • Las ondas sísmicas permiten detectar capas que no pueden observarse directamente.
  • Los cambios en su velocidad indican variaciones de densidad y composición.
  • Los volcanes aportan muestras de materiales procedentes de zonas profundas, aunque no del núcleo.

¿Por qué es importante conocer la estructura interna de la Tierra?

Las capas terrestres no están aisladas: interactúan constantemente. El calor interno impulsa movimientos en el manto, estos colaboran con el desplazamiento de las placas y las placas originan terremotos, volcanes y cordilleras. En los límites donde chocan pueden levantarse montañas; donde se separan, puede formarse nueva corteza oceánica; y donde una placa se hunde bajo otra, aparecen fosas y volcanes.

Estudiar esta estructura permite comprender mejor los riesgos naturales y preparar a las comunidades. No es posible evitar un terremoto, pero sí construir edificios más resistentes, elaborar mapas de peligro y establecer sistemas de alerta. Además, el campo magnético y el calor interno muestran que la Tierra es un planeta activo, cambiante y muy distinto de una esfera inmóvil.

Una idea clave es que la superficie que habitamos representa solo una pequeña parte del planeta. Bajo ella, el calor, la presión y el movimiento trabajan durante millones de años para modelar paisajes y mantener en funcionamiento numerosos procesos naturales.