La Tierra parece una esfera sólida, pero en realidad está formada por varias capas con composiciones, temperaturas y comportamientos diferentes. La composición de las capas de la Tierra se estudia mediante modelos científicos que permiten comprender qué materiales existen bajo nuestros pies, cómo se mueven y qué relación tienen con fenómenos como los terremotos, los volcanes y el campo magnético. Aunque no podemos llegar directamente al interior terrestre, las ondas sísmicas, las rocas y los experimentos de laboratorio ofrecen pistas muy valiosas.

 
Infografia sobre Composición de las capas de la Tierra

¿Cómo se organizan las capas de la Tierra?

Los científicos describen el interior terrestre de dos maneras complementarias. El modelo geoquímico clasifica las capas según los materiales que las forman: corteza, manto y núcleo. El modelo dinámico o mecánico las organiza según su estado físico y su capacidad de deformarse: litosfera, astenosfera, mesosfera, núcleo externo y núcleo interno.

Ambos modelos no se contradicen. Por ejemplo, la litosfera incluye la corteza y la parte superior rígida del manto, mientras que la astenosfera pertenece al manto, pero es más caliente y flexible. Esta distinción ayuda a explicar por qué las placas tectónicas se desplazan lentamente sobre el interior terrestre.

La corteza: la capa donde vivimos

La corteza es la capa más externa y delgada de la Tierra. Su espesor no es igual en todas partes: la corteza continental puede alcanzar entre 30 y 70 kilómetros, mientras que la corteza oceánica suele medir entre 5 y 10 kilómetros. A pesar de ser la capa que conocemos directamente, representa una pequeña parte del volumen total del planeta.

La corteza continental está formada sobre todo por rocas ricas en silicio y aluminio, como el granito. Es más antigua, gruesa y menos densa que la corteza oceánica. Esta última contiene principalmente basalto, una roca oscura rica en hierro y magnesio, y se renueva continuamente en las dorsales oceánicas. En la corteza se encuentran los suelos, los continentes, los océanos y muchos recursos naturales que utilizamos.

  • Corteza continental: más gruesa, ligera y generalmente antigua.
  • Corteza oceánica: más delgada, densa y renovada en el fondo marino.
  • La corteza y la parte superior rígida del manto forman la litosfera.

El manto y sus movimientos internos

Debajo de la corteza se encuentra el manto, una capa que llega hasta unos 2.900 kilómetros de profundidad. Está compuesto principalmente por silicatos ricos en hierro y magnesio. Aunque muchas de sus rocas son sólidas, las enormes temperaturas y presiones permiten que se deformen y fluyan muy lentamente, como un material extremadamente espeso.

El calor del manto procede en parte del origen de la Tierra y en parte de la desintegración de elementos radiactivos. Ese calor genera corrientes de convección: el material caliente asciende, se enfría y vuelve a descender. Estos movimientos contribuyen al desplazamiento de las placas tectónicas, que puede provocar la formación de montañas, terremotos, volcanes y océanos.

La zona superior del manto, junto con la corteza, forma la litosfera. Debajo se encuentra la astenosfera, una región más caliente y deformable sobre la que se mueven las placas. Sin embargo, el manto no es un océano de roca líquida: en su mayor parte permanece sólido, aunque cambia de forma durante millones de años.

El núcleo: hierro, níquel y un campo magnético

El núcleo es la región más profunda de la Tierra y está compuesto principalmente por hierro y níquel, además de pequeñas cantidades de otros elementos. Comienza aproximadamente a 2.900 kilómetros de profundidad y se divide en núcleo externo y núcleo interno.

El núcleo externo es líquido. Sus movimientos, impulsados por el calor y por la rotación terrestre, producen el campo magnético terrestre. Este campo funciona como un escudo que desvía gran parte de las partículas cargadas procedentes del Sol y ayuda a proteger la atmósfera y a los seres vivos.

El núcleo interno es sólido, aunque alcanza temperaturas muy elevadas. La enorme presión existente en el centro de la Tierra impide que el hierro se funda por completo. Esta diferencia entre un núcleo externo líquido y uno interno sólido es una de las claves para entender la estructura profunda del planeta.

  • Núcleo externo: líquido y responsable de la generación del campo magnético.
  • Núcleo interno: sólido debido a la presión extrema.
  • El núcleo es mucho más denso que la corteza y el manto.

¿Cómo sabemos qué hay bajo la superficie?

Las perforaciones más profundas realizadas por los seres humanos solo han alcanzado una pequeña parte de la corteza. Por eso, el conocimiento del interior terrestre procede principalmente de métodos indirectos. El más importante es el estudio de las ondas sísmicas, que se producen durante los terremotos y atraviesan el planeta de distintas formas.

Las ondas P pueden viajar por sólidos y líquidos, mientras que las ondas S solo se propagan por materiales sólidos. Cuando las ondas S dejan de atravesar una zona y las ondas P cambian de velocidad o dirección, los científicos deducen que existe una capa líquida, como el núcleo externo. También se analizan rocas volcánicas, meteoritos, la gravedad, el magnetismo y experimentos que reproducen las condiciones de presión y temperatura del interior.

Comprender la composición de las capas de la Tierra permite relacionar su estructura con la vida cotidiana. La dinámica del manto mueve las placas, el núcleo genera el campo magnético y la corteza proporciona los continentes, los océanos y los materiales necesarios para los ecosistemas y las sociedades humanas.