Cuando una raya brillante cruza el cielo nocturno, muchas personas dicen que han visto un meteorito. Sin embargo, en la mayoría de los casos se trata de un meteoro. Las palabras meteoroide, meteoro y meteorito están relacionadas, pero describen objetos o fenómenos distintos. Comprender la diferencia permite saber qué ocurre desde que un fragmento rocoso viaja por el espacio hasta que, en algunos casos, llega a la superficie de la Tierra.

 
Infografia sobre Meteoro, meteoroide y meteorito

¿Qué diferencia hay entre meteoroide, meteoro y meteorito?

Un meteoroide es un fragmento de roca o metal que se encuentra en el espacio. Puede proceder de la ruptura de un asteroide o de los restos que deja un cometa. Su tamaño es variable: puede ser diminuto, como un grano de arena, o alcanzar varios metros.

Cuando ese fragmento entra en la atmósfera terrestre a gran velocidad, el rozamiento y la compresión del aire calientan los gases que lo rodean. El brillo que observamos recibe el nombre de meteoro, también conocido popularmente como estrella fugaz. Por tanto, el meteoro no es el objeto en sí, sino el fenómeno luminoso.

Si una parte del meteoroide sobrevive al paso por la atmósfera y cae al suelo, se llama meteorito. La idea clave es sencilla: está en el espacio, es meteoroide; brilla al entrar en la atmósfera, es meteoro; llega a la superficie, es meteorito.

  • Meteoroide: fragmento espacial antes de entrar en la atmósfera.
  • Meteoro: destello producido durante la entrada atmosférica.
  • Meteorito: resto que alcanza la superficie terrestre.

¿Qué sucede durante la entrada en la atmósfera?

La mayoría de los meteoroides entran en la atmósfera a velocidades de varios kilómetros por segundo. Delante del objeto se forma una zona de aire muy comprimido y caliente. Al mismo tiempo, la superficie del fragmento se desprende y se vaporiza parcialmente; este proceso se conoce como ablación. La luz procede sobre todo de los gases calentados y de los materiales que se desprenden.

Muchos objetos son pequeños y se desintegran por completo a gran altura. Otros se rompen en varios fragmentos y producen un destello especialmente intenso. Los meteoros más brillantes pueden recibir el nombre de bólidos. Si el objeto explota en el aire, la onda de presión puede romper ventanas o producir un fuerte estruendo, aunque estos casos son poco frecuentes.

La posibilidad de que sobreviva un fragmento depende de su tamaño, composición, velocidad y ángulo de entrada. Las rocas compactas y los metales suelen resistir mejor que los materiales muy frágiles.

  • El aire comprimido delante del objeto alcanza temperaturas muy elevadas.
  • La ablación desgasta la superficie del meteoroide.
  • La trayectoria, el tamaño y la composición influyen en que llegue al suelo.

¿De dónde proceden y qué tipos de meteoritos existen?

Los meteoroides pueden originarse en el cinturón de asteroides, entre Marte y Júpiter, o desprenderse de cometas. Cuando la Tierra atraviesa una corriente de partículas dejadas por un cometa, aparecen lluvias de meteoros. Las Perseidas, por ejemplo, están relacionadas con el cometa Swift-Tuttle.

Los meteoritos se clasifican principalmente según los materiales que contienen. Los rocosos son los más comunes y están formados sobre todo por minerales de silicato. Los metálicos contienen grandes cantidades de hierro y níquel, por lo que suelen ser densos y pesados. Los rocosos-metálicos combinan ambos tipos de materiales.

Algunos meteoritos proceden de cuerpos que se formaron al principio del sistema solar. Por eso conservan información sobre su antigüedad y composición. Estudiarlos ayuda a conocer cómo se originaron los planetas y cómo era el espacio hace miles de millones de años.

  • Rocosos: ricos en minerales y los más abundantes.
  • Metálicos: contienen principalmente hierro y níquel.
  • Rocosos-metálicos: presentan una mezcla de roca y metal.

¿Qué efectos pueden producir y qué ejemplos conocemos?

La mayoría de los meteoros no causa daños porque sus fragmentos se consumen en la atmósfera. Cuando un meteorito cae, puede formar un pequeño hoyo o cráter, aunque los objetos grandes son capaces de producir consecuencias mucho mayores. El impacto de un cuerpo de gran tamaño puede liberar una enorme cantidad de energía, levantar polvo y afectar al clima y a los seres vivos.

En 2013, el meteoro de Cheliábinsk, en Rusia, explotó en la atmósfera y su onda expansiva dañó edificios y provocó numerosos heridos, principalmente por la rotura de cristales. En cambio, el meteorito Hoba, encontrado en Namibia, es uno de los meteoritos metálicos más grandes conocidos y permanece en el lugar donde fue descubierto.

Estos ejemplos muestran que no todos los fenómenos son iguales. La mayoría son espectáculos breves y seguros, mientras que los impactos de gran tamaño son extraordinariamente raros.

¿Cómo observar una lluvia de meteoros con seguridad?

Para observar un meteoro no hace falta un telescopio. Conviene elegir un lugar oscuro, alejado de las luces de las ciudades, tumbarse o sentarse cómodamente y mirar una zona amplia del cielo. Los ojos necesitan unos minutos para adaptarse a la oscuridad. También es útil consultar cuándo ocurre una lluvia de meteoros y hacia qué constelación parece dirigirse.

Nunca se debe mirar directamente al Sol ni acercarse a un fragmento recién caído, porque puede estar muy caliente o presentar bordes cortantes. Los meteoritos auténticos suelen estudiarse mediante su composición, su densidad y una corteza oscura producida durante la entrada atmosférica; una piedra negra común no es automáticamente un meteorito.

Recordar la diferencia entre los tres términos permite describir correctamente lo que vemos: el meteoro es el brillo del cielo, el meteoroide es el fragmento que viaja por el espacio y el meteorito es la parte que logra llegar al suelo.

  • Busca cielos oscuros y consulta el calendario de lluvias de meteoros.
  • Da tiempo a tus ojos para adaptarse y observa una zona amplia.
  • No toques fragmentos desconocidos ni mires directamente al Sol.