La Tierra no tiene una temperatura uniforme. A medida que descendemos desde la superficie hacia el centro, el calor aumenta de forma notable, aunque no lo hace exactamente al mismo ritmo en todas las zonas. Esta variación se relaciona con la formación del planeta, la presión, la radiactividad natural y el movimiento de los materiales de su interior. Conocer la temperatura de las capas de la Tierra ayuda a comprender fenómenos como los volcanes, los terremotos, el movimiento de las placas tectónicas y el campo magnético terrestre. Como no podemos viajar directamente hasta el centro del planeta, los científicos calculan estos valores mediante ondas sísmicas, experimentos de laboratorio y modelos físicos.

 
Infografia sobre Temperatura de las capas de la Tierra

¿Cuáles son las capas de la Tierra y cómo se ordenan?

La Tierra suele dividirse en corteza, manto, núcleo externo y núcleo interno. La corteza es la capa más superficial y delgada. Debajo se encuentra el manto, que ocupa la mayor parte del volumen terrestre. El núcleo está compuesto principalmente por hierro y níquel y se divide en una zona externa líquida y otra interna sólida.

La temperatura aumenta, en general, cuanto mayor es la profundidad. Sin embargo, la presión también crece y modifica el comportamiento de las rocas y los metales. Por eso, una parte del núcleo interno puede ser sólida a pesar de alcanzar temperaturas parecidas a las de la superficie del Sol.

  • Corteza: aproximadamente entre 0 y 70 kilómetros de profundidad, según la zona.
  • Manto: se extiende hasta unos 2.900 kilómetros.
  • Núcleo externo: llega aproximadamente hasta los 5.150 kilómetros.
  • Núcleo interno: ocupa la región central del planeta.

La temperatura de la corteza: la capa más fría

La corteza es la capa con menor temperatura, aunque no es igual en todas partes. En la superficie, la temperatura depende del clima, la altitud y la ubicación geográfica. La temperatura media superficial del planeta ronda los 15 °C, pero puede ser mucho más baja o más alta en lugares concretos.

Al descender por la corteza, la temperatura suele aumentar alrededor de 25 a 30 °C por cada kilómetro, especialmente cerca de la superficie. Este ritmo se conoce como gradiente geotérmico y puede cambiar según la composición de las rocas y la actividad volcánica. En la base de la corteza, las estimaciones suelen situarse entre 200 y 1.000 °C, con valores diferentes en las cortezas continental y oceánica.

Las zonas volcánicas y las regiones donde circula agua caliente desde el interior pueden presentar temperaturas mucho mayores. Los géiseres, las aguas termales y las fumarolas son ejemplos visibles de ese calor interno.

¿Qué temperatura alcanza el manto terrestre?

El manto es una enorme capa de roca muy caliente que, pese a ser sólida en gran parte, puede deformarse y moverse lentamente durante millones de años. Sus temperaturas aproximadas van desde 500 o 900 °C en las zonas superiores hasta unos 3.500 o 4.000 °C cerca de su límite con el núcleo.

En el manto se producen corrientes de convección. El material más caliente tiende a ascender porque es menos denso, mientras que el material que se enfría desciende. Estos movimientos son muy lentos, pero contribuyen al desplazamiento de las placas tectónicas y pueden favorecer la formación de volcanes, cordilleras y fosas oceánicas.

La temperatura no es la única causa del movimiento: también intervienen la presión, la densidad y la composición de los minerales. Por eso, no debe imaginarse el manto como un océano de lava líquida, sino como una capa rocosa que se comporta de manera plástica a escalas de tiempo muy largas.

El núcleo externo y el origen del campo magnético

El núcleo externo está formado principalmente por hierro y níquel en estado líquido. Sus temperaturas se estiman entre 4.000 y 5.500 °C. La combinación de ese calor y la rotación de la Tierra provoca movimientos en el metal fundido.

Estos movimientos generan corrientes eléctricas que producen el campo magnético terrestre. Gracias a él, la Tierra queda parcialmente protegida del viento solar y de algunas partículas cargadas procedentes del espacio. Sin el núcleo externo líquido y en movimiento, este escudo natural sería muy diferente.

El núcleo externo no puede observarse directamente. Su existencia y su estado líquido se deducen, entre otras pruebas, porque ciertas ondas sísmicas atraviesan los sólidos, pero no se propagan por los líquidos de la misma manera.

¿Por qué el núcleo interno es sólido si está tan caliente?

El núcleo interno alcanza aproximadamente entre 5.000 y 6.000 °C, una temperatura comparable a la de la superficie solar. Aun así, se mantiene sólido porque la presión en el centro de la Tierra es extraordinariamente elevada. Esa presión dificulta que los átomos del hierro y el níquel se separen para formar un líquido.

El calor interno de la Tierra procede de varias fuentes: la energía que quedó atrapada durante la formación del planeta, la desintegración de elementos radiactivos y la liberación de calor mientras el núcleo interno crece lentamente. Parte de esa energía se desplaza hacia la superficie y alimenta la actividad geológica.

Comprender estas temperaturas permite explicar por qué nuestro planeta sigue siendo dinámico. Aunque la superficie parezca estable, en el interior continúan ocurriendo procesos que influyen en los continentes, los océanos, los volcanes y la protección magnética de la Tierra.