Una lagartija tomando el sol, una rana junto a una charca y una mariposa que abre las alas por la mañana tienen algo en común: dependen mucho del ambiente para alcanzar una temperatura que les permita estar activas. Son ejemplos de ectotermos, animales presentes en ecosistemas terrestres y acuáticos. Conocerlos ayuda a entender por qué algunos se esconden durante las horas más calurosas y otros necesitan calentarse antes de buscar alimento.

¿Qué es un ectotermo y cómo regula su temperatura?
Un ectotermo es un animal cuya temperatura corporal depende principalmente de fuentes externas de calor, como la radiación solar, el agua o las superficies calientes. Aunque su metabolismo también produce calor, normalmente no genera suficiente para mantener todo el cuerpo a una temperatura elevada y relativamente constante.
A menudo se habla de animales de «sangre fría», pero esta expresión resulta engañosa. Una lagartija al sol puede tener el cuerpo más caliente que un mamífero. Lo importante no es que esté siempre fría, sino de dónde obtiene el calor.
Tampoco significa que estos animales no regulen su temperatura. Muchos lo hacen mediante su comportamiento: cambian de lugar, buscan sombra o modifican su postura. Además, un ectotermo que vive en aguas de temperatura estable puede experimentar pocas variaciones térmicas.
Reptiles: lagartijas, serpientes, tortugas y cocodrilos
Los reptiles son los ejemplos más conocidos de ectotermos. Su actividad depende en gran medida de las condiciones térmicas: necesitan una temperatura adecuada para moverse, capturar presas y digerir. Sin embargo, cada especie tiene sus propios límites; no todas necesitan el mismo calor ni toleran igual el frío.
- Lagartijas: se asolean sobre rocas o muros y se refugian cuando el calor es excesivo. Alternar entre sol y sombra les permite ajustar su temperatura.
- Serpientes: pueden calentarse sobre el suelo templado. Algunas especies evitan las horas centrales del día y salen al atardecer o durante la noche.
- Tortugas de agua dulce: muchas suben a troncos y piedras para asolearse. Después regresan al agua, donde encuentran otras condiciones térmicas.
- Cocodrilos: alternan entre la orilla y el agua. Abrir la boca durante el reposo puede ayudarles a disipar calor, aunque ese comportamiento también cumple otras funciones.
Anfibios y peces: ectotermos vinculados al agua
Las ranas, los sapos y las salamandras son ectotermos. En muchos anfibios, la piel permeable hace que la humedad también sea decisiva. Por eso suelen buscar lugares húmedos y protegidos: permanecer al sol puede calentarlos, pero también aumentar la pérdida de agua.
Una rana puede desplazarse entre una orilla templada, la vegetación y el agua. Así combina dos necesidades: mantener una temperatura adecuada y evitar la deshidratación. No basta, por tanto, con pensar que todos los ectotermos buscan siempre el máximo calor.
La mayoría de los peces, como la carpa, la sardina y la trucha, también son ectotermos. Su temperatura corporal suele aproximarse a la del agua. Pueden buscar zonas más frías o cálidas, aunque sus posibilidades dependen del hábitat. Existen excepciones interesantes: algunos atunes y tiburones conservan calor en determinadas regiones del cuerpo.
Invertebrados: mariposas, caracoles y cangrejos
La ectotermia también es habitual entre los invertebrados. Sus respuestas a la temperatura influyen en actividades tan diferentes como volar, desplazarse por el suelo o alimentarse en una costa rocosa.
- Mariposas: muchas orientan el cuerpo y las alas hacia el sol para calentarse antes de volar.
- Saltamontes: aprovechan superficies soleadas y cambian de posición o buscan refugio cuando aumenta demasiado la temperatura.
- Caracoles terrestres: suelen estar más activos en condiciones húmedas y moderadas; el calor intenso favorece la pérdida de agua.
- Cangrejos: su temperatura depende mucho del agua, del aire y del sustrato. Algunas especies costeras se refugian en grietas o madrigueras.
¿Qué ventajas y limitaciones tiene ser ectotermo?
Una ventaja es que estos animales suelen gastar menos energía en producir calor que un ave o un mamífero de tamaño comparable. Por ello, generalmente necesitan menos alimento para sostener ese gasto energético.
La contrapartida es que el ambiente condiciona mucho su actividad. Con frío, numerosos ectotermos se mueven más despacio y digieren más lentamente; con calor extremo, pueden sobrecalentarse. Algunos atraviesan periodos desfavorables reduciendo mucho su actividad.
Estos ejemplos muestran que ser ectotermo no significa ser incapaz de controlar la temperatura. Significa depender especialmente del entorno y utilizar conductas y refugios adecuados para mantenerse dentro de límites compatibles con la vida.

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