Una roca llegada del espacio puede guardar pistas sobre cómo nació el sistema solar hace unos 4.600 millones de años. Pero no todos los meteoritos son iguales: algunos se parecen a piedras terrestres, otros son masas de metal y unos pocos combinan ambos materiales. Los tipos de meteoritos se clasifican principalmente según su composición y su estructura. Conocer sus diferencias permite entender de dónde proceden, qué transformaciones experimentaron y por qué resultan tan valiosos para la ciencia.

 
Infografia sobre Tipos de Meteoritos

¿Qué es un meteorito y en qué se diferencia de un meteoro?

Un meteorito es un fragmento natural de material extraterrestre que atraviesa la atmósfera y alcanza la superficie terrestre. La mayoría procede de asteroides, aunque también existen meteoritos originados en la Luna y Marte: grandes impactos expulsaron fragmentos de esos cuerpos al espacio, y algunos terminaron llegando a nuestro planeta.

Conviene distinguir tres palabras que suelen confundirse. El meteoroide es el objeto pequeño mientras viaja por el espacio; el meteoro es el fenómeno luminoso que produce al atravesar la atmósfera, conocido como estrella fugaz; y el meteorito es la parte que sobrevive y llega al suelo.

Según sus materiales, se reconocen tres grandes grupos: rocosos, metálicos y mixtos. Esta clasificación no depende de su tamaño ni de que hayan formado un cráter.

Meteoritos rocosos: condritas y acondritas

Los meteoritos rocosos, también llamados pétreos, están formados principalmente por minerales de silicato. Son los más abundantes entre las caídas observadas y recuperadas. Aunque algunos contienen partículas metálicas, su componente dominante es la roca.

Dentro de este grupo hay dos categorías fundamentales, que permiten distinguir materiales poco transformados de otros que experimentaron procesos de fusión:

  • Condritas: suelen contener cóndrulos, pequeños granos aproximadamente esféricos que se formaron a partir de gotas fundidas en los primeros tiempos del sistema solar. Conservan materiales muy antiguos que no sufrieron una fusión global dentro de su cuerpo de origen.
  • Acondritas: carecen de cóndrulos y proceden de materiales que experimentaron fusión y recristalización. Algunas se parecen a rocas volcánicas terrestres. Los meteoritos lunares y marcianos pertenecen a este grupo.

Meteoritos metálicos: fragmentos ricos en hierro y níquel

Los meteoritos metálicos están compuestos sobre todo por hierro y níquel. Muchos proceden de núcleos de antiguos cuerpos planetarios que se calentaron lo suficiente para separar sus materiales: los metales más densos se concentraron hacia el centro y los silicatos quedaron en capas externas.

Más tarde, las colisiones fragmentaron esos cuerpos y dispersaron sus restos. Por eso, estudiar un meteorito metálico puede ayudar a investigar procesos parecidos a los que formaron el núcleo terrestre, aunque no podamos acceder directamente a él.

Suelen ser muy densos y atraer un imán. En algunos, al cortar, pulir y tratar una muestra en laboratorio, aparecen las figuras de Widmanstätten: patrones de bandas entrecruzadas relacionados con el enfriamiento lento de sus aleaciones. Un ejemplo célebre es Hoba, encontrado en Namibia.

Meteoritos mixtos: la combinación de roca y metal

Los meteoritos mixtos, o pétreo-metálicos, contienen cantidades importantes de silicatos y de metal de hierro y níquel. Son mucho menos frecuentes que los rocosos entre las caídas observadas. Sus componentes aportan información sobre la separación y la mezcla de materiales en los cuerpos de origen.

Sus dos grupos más conocidos presentan aspectos y estructuras diferentes:

  • Palasitas: contienen cristales de olivino rodeados por una matriz metálica. En láminas finas, algunos cristales dejan pasar la luz y muestran tonos amarillos o verdosos. Su formación está relacionada con procesos de interacción entre roca y metal.
  • Mesosideritas: son mezclas fragmentadas de silicatos y metal. Registran una historia compleja de impactos que rompieron y mezclaron materiales de distintas zonas de sus cuerpos de origen.

¿Cómo se reconocen y qué podemos aprender de ellos?

Algunos meteoritos presentan una costra de fusión, una capa superficial delgada producida por el calentamiento durante la entrada atmosférica. Sin embargo, ni una superficie oscura, ni un peso elevado, ni el magnetismo bastan para identificarlos: ciertas rocas terrestres y escorias industriales pueden mostrar características similares.

La identificación fiable requiere analizar sus minerales, composición y estructura. Si encuentras una piedra sospechosa, conviene fotografiarla, anotar el lugar del hallazgo y consultar con una institución científica antes de cortarla o alterarla.

Cada tipo conserva pistas diferentes: las condritas permiten estudiar materiales primitivos; las acondritas, procesos de fusión; y los metálicos y mixtos, la organización interna de antiguos cuerpos. Juntos ayudan a reconstruir la historia del sistema solar.