Cuando un volcán entra en erupción, no siempre expulsa únicamente lava. En las erupciones explosivas también lanza al aire fragmentos de roca, cristales y magma que se rompen al salir. Estos materiales reciben el nombre de piroclastos. Pueden ser diminutos, como el polvo volcánico, o alcanzar varios metros de tamaño. Conocer qué son los piroclastos ayuda a comprender cómo funcionan los volcanes, por qué algunas erupciones son tan peligrosas y cómo se transforma el paisaje después de una actividad volcánica.

 
Infografia sobre ¿Qué son los piroclastos?

¿Qué son exactamente los piroclastos?

La palabra piroclasto procede del griego: piros significa “fuego” y <strong>klastos”, “roto o fragmentado”. Por tanto, un piroclasto es un fragmento sólido que se forma cuando el magma se rompe y es expulsado durante una erupción volcánica explosiva.

A diferencia de la lava, que fluye como un líquido por la superficie, los piroclastos salen despedidos en forma de partículas o bloques. Algunos se enfrían en el aire antes de caer, mientras que otros llegan al suelo todavía calientes. Su composición puede incluir magma recién expulsado, cristales minerales y trozos de rocas antiguas del propio volcán o de las paredes de la chimenea.

  • Se producen sobre todo en erupciones explosivas.
  • Pueden viajar por el aire, caer cerca del cráter o ser transportados por el viento.
  • Su tamaño, forma y temperatura dependen de cómo se fragmentó el magma.

¿Cómo se forman durante una erupción?

El proceso comienza cuando el magma asciende hacia la superficie. Al disminuir la presión, los gases disueltos en él, como el vapor de agua y el dióxido de carbono, forman burbujas. Si el magma es viscoso y los gases no pueden escapar con facilidad, la presión aumenta hasta que el material se rompe violentamente. Esa fragmentación origina una nube de ceniza y otros piroclastos.

La fuerza de la explosión puede lanzar los fragmentos a gran altura. Los más pesados suelen caer cerca del volcán, mientras que las partículas pequeñas pueden permanecer suspendidas durante horas o días y desplazarse cientos o miles de kilómetros. Por eso, una erupción puede afectar a lugares bastante alejados del cráter.

  • Más gases atrapados suelen favorecer explosiones más intensas.
  • Un magma viscoso, como el de composición rica en sílice, se fragmenta con mayor facilidad.
  • El viento puede cambiar la dirección en la que se distribuyen las cenizas.

Tipos de piroclastos según su tamaño

Los especialistas clasifican los piroclastos principalmente por su diámetro. Esta clasificación permite describir una erupción y calcular hasta dónde podrían llegar sus materiales. Aunque en el lenguaje cotidiano se usa “ceniza” para cualquier polvo volcánico, en geología la ceniza tiene un tamaño muy concreto: menos de 2 milímetros.

Entre los fragmentos más conocidos están la piedra pómez, llena de vesículas o pequeños huecos producidos por los gases, y la escoria, generalmente más oscura y densa. Ambos se forman a partir de magma que se enfría rápidamente después de liberar parte de sus gases.

  • Ceniza volcánica: partículas menores de 2 milímetros; pueden parecer polvo, pero están formadas por roca y vidrio volcánico.
  • Lapilli: fragmentos de entre 2 y 64 milímetros, parecidos en tamaño a una grava o una nuez.
  • Bombas volcánicas: fragmentos mayores de 64 milímetros que salen parcialmente fundidos y adquieren formas redondeadas o alargadas al volar.
  • Bloques volcánicos: fragmentos mayores de 64 milímetros, normalmente sólidos y angulosos porque proceden de rocas ya endurecidas.

¿Qué peligros pueden causar?

Los piroclastos pueden provocar daños de distintas maneras. La caída de ceniza reduce la visibilidad, contamina el agua, cubre cultivos y puede sobrecargar techos si se acumula en grandes cantidades. Además, las partículas finas irritan los ojos y las vías respiratorias, por lo que durante una emisión de ceniza es importante seguir las indicaciones de protección civil y evitar salir sin necesidad.

Uno de los fenómenos más peligrosos es el flujo piroclástico. No es un único piroclasto, sino una mezcla muy caliente de gases, ceniza y fragmentos que desciende por las laderas a gran velocidad. Puede destruir todo a su paso. También existen las oleadas piroclásticas, más diluidas, pero igualmente peligrosas. La distancia y la velocidad de estos fenómenos hacen que las zonas cercanas al volcán sean especialmente vulnerables.

  • Usar mascarilla adecuada y protección ocular cuando lo indiquen las autoridades.
  • No conducir durante una caída intensa de ceniza, porque se pierde visibilidad y pueden dañarse los motores.
  • Respetar las zonas de exclusión y conocer las rutas de evacuación antes de una emergencia.

Piroclastos y paisaje: una huella que permanece

Aunque se relacionan principalmente con el peligro, los piroclastos también cumplen un papel importante en la formación del relieve. Las capas de ceniza y lapilli pueden acumularse alrededor del volcán y originar conos, mantos y nuevas superficies. Con el paso del tiempo, estos depósitos se erosionan y contribuyen a formar suelos volcánicos que, en algunas regiones, son muy fértiles.

Una curiosidad es que las cenizas volcánicas no son cenizas de una fogata: no proceden de materia quemada, sino de fragmentos minerales y de vidrio volcánico. Además, una misma erupción puede producir varios tamaños de piroclastos. Estudiar sus capas permite a los científicos reconstruir erupciones antiguas y estimar qué zonas podrían verse afectadas en el futuro. Así, la próxima vez que se observe una fotografía de un volcán expulsando una nube oscura, será posible entender que contiene una gran variedad de fragmentos nacidos de la ruptura explosiva del magma.