Un teléfono fabricado en otro país, unas zapatillas importadas o el trigo que compra una empresa pueden estar sujetos a un impuesto al cruzar una frontera. Ese impuesto se llama arancel y forma parte de las reglas del comercio internacional. Aunque parezca un asunto exclusivo de gobiernos y empresas, también puede influir en los precios que pagamos. Para entender qué es un arancel, conviene conocer cómo se calcula, quién lo paga y por qué se utiliza.

 
Infografia sobre ¿Qué es un Arancel?

¿Qué es un arancel y cuándo se aplica?

Un arancel es un impuesto que se aplica a las mercancías que cruzan una frontera aduanera, principalmente cuando entran en un país. En ese caso, hablamos de un arancel de importación. También existen aranceles a la exportación, aunque son menos habituales.

No todos los productos pagan lo mismo. El importe depende de factores como el tipo de mercancía, su origen y los acuerdos comerciales vigentes. Por ejemplo, un país puede cobrar un arancel al calzado procedente de un territorio y permitir la entrada sin arancel del mismo producto originario de un socio comercial.

Tampoco debe confundirse con otros cobros. El IVA a la importación, cuando corresponde, y los gastos de transporte o gestión aduanera son conceptos distintos, aunque puedan sumarse al coste de importar.

¿Qué tipos de aranceles existen?

Los aranceles pueden clasificarse según la manera de calcularlos. Los tres tipos siguientes permiten entender las formas más habituales:

  • Arancel ad valorem: se calcula como un porcentaje del valor en aduana de la mercancía. Si ese valor es de 1.000 euros y la tasa es del 10 %, el arancel asciende a 100 euros.
  • Arancel específico: establece una cantidad fija por unidad física, como 2 euros por kilogramo o 5 euros por cada artículo, independientemente de su precio.
  • Arancel mixto: combina los dos anteriores. Por ejemplo, puede exigir un 5 % del valor en aduana más 1 euro por kilogramo.

¿Cómo se calcula y quién paga el arancel?

Para calcularlo, primero se identifica la mercancía mediante una clasificación arancelaria: un sistema de códigos que distingue productos. Después se comprueban su origen, su valor en aduana y la tarifa aplicable. Ese valor no siempre coincide con el precio de la factura, porque puede incluir transporte, seguro u otros ajustes según las normas correspondientes.

Imaginemos que una tienda importa bicicletas con un valor en aduana de 2.000 euros. Si les corresponde un arancel del 8 %, la operación es: 2.000 × 0,08 = 160 euros. Esa cantidad representa únicamente el arancel, no todos los posibles impuestos y gastos.

Normalmente, el importador es responsable de pagar el arancel ante la aduana, directamente o mediante un representante. No lo paga automáticamente el gobierno del país vendedor. Sin embargo, su coste económico puede repartirse: la tienda puede subir precios, reducir su margen o negociar un precio menor con el proveedor.

¿Para qué utilizan los países los aranceles?

Uno de sus objetivos es proteger a los productores nacionales. Al encarecer ciertos productos importados, los bienes fabricados dentro del país pueden resultar más competitivos. Esta protección puede ayudar a una industria que está empezando o que afronta una competencia exterior intensa.

Otro objetivo es obtener ingresos públicos. La recaudación arancelaria entra en las cuentas del Estado, aunque su importancia varía mucho entre países.

Además, los aranceles pueden utilizarse como instrumento de negociación comercial o como respuesta a medidas de otros gobiernos. Su aplicación está condicionada por las leyes nacionales y por los compromisos internacionales que cada país haya asumido.

¿Qué consecuencias tiene un arancel en la vida cotidiana?

Un arancel puede beneficiar a algunos productores locales, pero también encarecer productos para los consumidores. El aumento no siempre equivale exactamente al impuesto: depende de la competencia y de cuánto coste absorban las empresas.

También puede perjudicar a fabricantes nacionales que necesitan materiales importados. Por ejemplo, un arancel al acero puede proteger a las acerías locales y, al mismo tiempo, elevar los costes de quienes fabrican herramientas o electrodomésticos.

Si otros países responden con nuevos aranceles, los exportadores pueden perder ventas. Por eso, valorar esta medida exige preguntar quién gana, quién asume el coste y durante cuánto tiempo. Un arancel modifica las condiciones del comercio; no garantiza por sí solo más empleo ni mayor bienestar.