La era Paleozoica fue una etapa inmensa de la historia de la Tierra, desarrollada aproximadamente entre hace 541 y 252 millones de años. Su nombre significa “vida antigua” y resulta muy apropiado: durante este tiempo aparecieron y se diversificaron muchos grupos de seres vivos, los océanos se llenaron de nuevas formas de vida y los continentes cambiaron de posición hasta formar grandes masas terrestres. Para estudiarla mejor, los geólogos la dividen en seis periodos: Cámbrico, Ordovícico, Silúrico, Devónico, Carbonífero y Pérmico. Cada uno tuvo condiciones ambientales, especies y acontecimientos diferentes.

¿Cómo se divide la era Paleozoica?
Los periodos de la era Paleozoica se ordenan desde el más antiguo hasta el más reciente. Esta división permite comprender una historia de casi 290 millones de años, marcada por la evolución de la vida y por importantes cambios geológicos.
Aunque las fechas son aproximadas y pueden ajustarse con nuevos estudios, la secuencia generalmente aceptada es la siguiente:
- Cámbrico: de hace 541 a 485 millones de años.
- Ordovícico: de hace 485 a 444 millones de años.
- Silúrico: de hace 444 a 419 millones de años.
- Devónico: de hace 419 a 359 millones de años.
- Carbonífero: de hace 359 a 299 millones de años.
- Pérmico: de hace 299 a 252 millones de años.
Cámbrico y Ordovícico: una gran expansión de la vida marina
El Cámbrico comenzó con una rápida diversificación de animales marinos conocida como explosión cámbrica. Aparecieron numerosos grupos con cuerpos más complejos, caparazones y estructuras que favorecieron la conservación de fósiles. Los trilobites fueron algunos de los animales más característicos de este periodo, aunque también vivieron esponjas, gusanos y los primeros cordados.
Durante el Ordovícico, los mares siguieron siendo el principal escenario de la vida. Aumentaron los braquiópodos, moluscos, corales y animales parecidos a los actuales peces sin mandíbulas. Hacia el final ocurrió una importante extinción causada, en parte, por un enfriamiento global y el descenso del nivel del mar. Desapareció una gran cantidad de especies marinas, especialmente las que habitaban en aguas poco profundas.
Silúrico y Devónico: la vida comienza a conquistar la tierra firme
El Silúrico fue una etapa de recuperación después de la extinción del Ordovícico. Se desarrollaron arrecifes de coral y aparecieron peces con mandíbulas más eficaces. En tierra firme comenzaron a extenderse plantas vasculares pequeñas, capaces de transportar agua y nutrientes por su interior. También surgieron artrópodos terrestres, antepasados lejanos de algunos escorpiones y ciempiés.
El Devónico suele llamarse la edad de los peces porque estos animales se diversificaron enormemente. Existieron peces acorazados, peces con aletas lobuladas y los primeros tiburones. Al mismo tiempo, los bosques se hicieron más altos y variados. Algunos peces de aletas lobuladas desarrollaron características que les permitieron desplazarse en aguas poco profundas y, con el tiempo, dieron origen a los primeros tetrápodos, antecesores de anfibios, reptiles, aves y mamíferos. El periodo terminó con varias crisis ambientales que afectaron sobre todo a los ecosistemas marinos.
Carbonífero: bosques, pantanos y grandes insectos
En el Carbonífero se extendieron enormes bosques pantanosos formados por plantas parecidas a helechos gigantes, licopodios y equisetos. Al quedar enterrada parte de esta vegetación y transformarse durante millones de años, se originaron muchos depósitos de carbón. Por eso este periodo está relacionado con la formación de importantes yacimientos de este combustible fósil.
La atmósfera contenía más oxígeno que en la actualidad, lo que favoreció la existencia de artrópodos de gran tamaño. Algunos insectos alcanzaron dimensiones sorprendentes. También se diversificaron los anfibios y aparecieron los primeros reptiles, mejor adaptados a la vida terrestre gracias al huevo amniota, que protegía al embrión fuera del agua. En su etapa final, el Carbonífero estuvo marcado por cambios climáticos y por la formación de grandes glaciares.
- Los bosques carboníferos ayudaron a retirar dióxido de carbono de la atmósfera.
- Los reptiles pudieron alejarse de los ambientes acuáticos para reproducirse.
- La colisión de continentes contribuyó a formar grandes cadenas montañosas.
Pérmico: la formación de Pangea y el final del Paleozoico
El Pérmico fue el último periodo de la era Paleozoica. Durante esta etapa, la mayoría de los continentes se unieron en un supercontinente llamado Pangea. En su interior predominaban zonas secas y grandes desiertos, mientras que las costas mantenían ecosistemas más húmedos. Los reptiles y los primeros grupos de sinápsidos, relacionados con el origen lejano de los mamíferos, se hicieron más importantes.
El final del Pérmico estuvo marcado por la mayor extinción masiva conocida. Desapareció aproximadamente el 90 % de las especies marinas y una gran parte de las especies terrestres. Se cree que una intensa actividad volcánica, el calentamiento global, la acidificación de los océanos y la falta de oxígeno en el agua pudieron actuar conjuntamente. Después de esta crisis comenzó la era Mesozoica.
Estudiar los periodos de la era Paleozoica permite observar que la vida no evolucionó de manera lineal ni tranquila. Hubo expansiones, adaptaciones y desapariciones, siempre relacionadas con cambios en el clima, los océanos y los continentes. Sus fósiles ayudan a reconstruir cómo la Tierra pasó de estar dominada por mares antiguos a preparar el escenario para los grandes reptiles del Mesozoico.

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