¿Cómo podemos conocer algo tan pequeño que no se distingue a simple vista? Los modelos atómicos son representaciones científicas que explican cómo está constituido el átomo y cómo se comporta. No son fotografías ni dibujos definitivos: cada modelo reúne ideas capaces de interpretar ciertas observaciones. A medida que aparecieron nuevos experimentos, estas explicaciones cambiaron. Recorrer su historia permite entender de qué está hecha la materia y por qué la ciencia revisa sus respuestas cuando encuentra nuevas evidencias.

 
Infografia sobre Modelos Atómicos

¿Qué representan los modelos atómicos?

Un átomo es la unidad más pequeña de un elemento que conserva su identidad química. Hoy sabemos que posee un núcleo, donde se encuentran protones y, por lo general, neutrones, y una región alrededor descrita mediante la distribución de sus electrones. Casi toda su masa está concentrada en el núcleo.

Los modelos atómicos intentan explicar esa organización y fenómenos como la formación de enlaces o la emisión de luz. Para interpretarlos, conviene distinguir las tres partículas principales:

  • Protones: tienen carga positiva. Su cantidad, llamada número atómico, determina el elemento; por ejemplo, todo átomo de carbono tiene seis protones.
  • Neutrones: no tienen carga eléctrica. Átomos del mismo elemento con distinto número de neutrones son isótopos.
  • Electrones: tienen carga negativa y mucha menos masa que protones y neutrones. Participan en los enlaces químicos y en la formación de iones.

Dalton y Thomson: de la esfera indivisible al electrón

A comienzos del siglo XIX, John Dalton propuso una teoría atómica para explicar las regularidades de las reacciones químicas. Consideraba los átomos partículas indivisibles y sostenía que los compuestos se forman al combinar átomos de distintos elementos en proporciones sencillas. El agua, por ejemplo, contiene hidrógeno y oxígeno en una proporción de dos átomos a uno.

Dalton también suponía que todos los átomos de un elemento tenían la misma masa. El descubrimiento de los isótopos mostró después que esa idea necesitaba corregirse. Su propuesta, sin embargo, fue fundamental para comprender las combinaciones químicas.

En 1897, los experimentos de J. J. Thomson con rayos catódicos aportaron evidencia del electrón. Si el átomo contenía partículas menores, no podía ser indivisible. Thomson propuso entonces una distribución de carga positiva con electrones incrustados, conocida como modelo del «pudín de pasas». Todavía no incluía un núcleo.

Rutherford: el experimento que reveló el núcleo

En el experimento de la lámina de oro, realizado por Geiger y Marsden bajo la dirección de Ernest Rutherford, se lanzaron partículas alfa contra una lámina muy fina. La mayoría atravesaba el material, pero algunas se desviaban mucho y unas pocas regresaban hacia atrás.

Estos resultados no encajaban con una carga positiva repartida uniformemente. En 1911, Rutherford propuso que el átomo tenía un núcleo diminuto, denso y positivo, con electrones alrededor. Las grandes desviaciones se explicaban por la repulsión entre las partículas alfa positivas y el núcleo.

El modelo indicaba que gran parte del volumen atómico no estaba ocupado por el núcleo. Sin embargo, dejaba una dificultad: según la física clásica, un electrón orbitando debería emitir energía y terminar cayendo sobre él. Tampoco explicaba adecuadamente los espectros de luz de los elementos.

Bohr: ¿por qué los átomos emiten colores determinados?

En 1913, Niels Bohr propuso que el electrón del hidrógeno solo podía ocupar ciertos niveles de energía. En su modelo, estos niveles correspondían a órbitas permitidas donde el electrón no perdía energía continuamente.

Cuando un átomo absorbe la energía adecuada, un electrón puede pasar a un nivel superior. Al regresar a uno inferior, emite un fotón cuya energía corresponde a la diferencia entre ambos niveles. Así se explican las líneas del espectro del hidrógeno: aparecen colores concretos, no cualquier color.

Aunque funcionó muy bien para el hidrógeno, el modelo de Bohr tenía limitaciones al describir átomos con varios electrones. Su gran aportación fue mostrar que la energía atómica está cuantizada: presenta valores permitidos.

El modelo cuántico actual: orbitales, no órbitas

Durante la década de 1920, la mecánica cuántica transformó la descripción del átomo. En el modelo mecánico-cuántico, los electrones no siguen trayectorias definidas como planetas. Se describen mediante estados cuánticos que permiten calcular probabilidades de encontrarlos en determinadas regiones.

Un orbital no es una órbita: describe un estado del electrón asociado a una distribución de probabilidad espacial. Esta diferencia ayuda a evitar una confusión frecuente en los dibujos escolares.

El descubrimiento del neutrón por James Chadwick en 1932 completó la identificación de las partículas nucleares principales. Hoy, la descripción cuántica permite comprender enlaces, propiedades de los materiales y tecnologías como los láseres. Los modelos anteriores siguen siendo útiles para aprender, siempre que recordemos qué explica cada uno y cuáles son sus límites.