Los huracanes en México son fenómenos naturales que pueden transformar en pocas horas la vida de comunidades costeras y también afectar regiones del interior. México está expuesto porque tiene costas en el océano Pacífico, el golfo de México y el mar Caribe. Comprender cómo se forman, qué daños pueden causar y cómo actuar antes de su llegada ayuda a reducir riesgos y tomar mejores decisiones.

¿Qué es un huracán y cómo se forma?
Un huracán es un ciclón tropical: un sistema de tormentas que gira alrededor de un centro de baja presión y obtiene energía del agua cálida del océano. Para desarrollarse necesita, por lo general, una superficie marina cercana o superior a 26,5 °C, humedad abundante y condiciones atmosféricas que permitan que las nubes se organicen.
La formación suele comenzar con una perturbación tropical. El aire caliente y húmedo asciende, se condensa y libera energía, lo que provoca más ascensos y lluvias. Si el sistema adquiere circulación organizada, puede pasar por las etapas de depresión tropical y tormenta tropical hasta convertirse en huracán, cuando sus vientos sostenidos alcanzan al menos 119 kilómetros por hora. La rotación de la Tierra, conocida como efecto Coriolis, contribuye a que el sistema gire; por eso los huracanes no se forman justo sobre el ecuador.
- Depresión tropical: vientos sostenidos de hasta 62 km/h.
- Tormenta tropical: vientos de 63 a 118 km/h y recibe un nombre.
- Huracán: vientos sostenidos de 119 km/h o más.
Las partes de un huracán
Aunque desde el espacio parece una enorme espiral, un huracán tiene zonas con funciones diferentes. En el centro está el ojo, una región relativamente tranquila y con menos nubes. Sin embargo, que el viento disminuya durante el paso del ojo no significa que el peligro haya terminado: después llega la segunda mitad del ciclón.
Alrededor del ojo se encuentra la pared del ojo, donde suelen concentrarse los vientos más intensos y las lluvias más fuertes. Las bandas nubosas en espiral se extienden muchos kilómetros y pueden producir tormentas, inundaciones y tornados incluso lejos del centro. Otro riesgo importante es la marejada ciclónica, una elevación anormal del nivel del mar causada por los vientos y la baja presión, especialmente peligrosa en costas bajas.
- Ojo: centro relativamente calmado del sistema.
- Pared del ojo: zona de mayor intensidad del viento y la lluvia.
- Bandas de lluvia: franjas espirales con tormentas intensas.
- Marejada ciclónica: aumento peligroso del nivel del mar.
¿En qué zonas y épocas afectan a México?
Los estados del Pacífico, como Baja California Sur, Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, pueden recibir ciclones que se forman frente a la costa occidental. En el Atlántico, el golfo de México y el Caribe amenazan principalmente a Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.
La temporada oficial suele extenderse del 15 de mayo al 30 de noviembre en el Pacífico nororiental y del 1 de junio al 30 de noviembre en el Atlántico. Estas fechas indican cuándo es más probable que ocurran, pero no garantizan que todos los ciclones se presenten dentro de ese periodo. Además, un huracán puede debilitarse al tocar tierra y aun así provocar lluvias torrenciales en estados alejados de la costa.
Huracanes que han marcado la historia reciente
México ha vivido huracanes de distintas intensidades y trayectorias. Gilbert, en 1988, causó enormes daños en el Caribe mexicano y la península de Yucatán. Wilma, en 2005, afectó gravemente a Quintana Roo con lluvias y vientos extremos. En 2015, Patricia alcanzó una intensidad extraordinaria en el Pacífico, aunque su impacto en tierra fue menor de lo que se temía debido a cambios rápidos antes de tocar la costa.
Otis, en 2023, golpeó Acapulco como un huracán de gran intensidad después de fortalecerse de manera muy rápida. Este caso mostró que la población debe prestar atención no solo a la categoría, sino también a la velocidad de intensificación, el pronóstico de lluvias, la marejada y las instrucciones de protección civil.
Cómo prepararse antes, durante y después
La prevención comienza mucho antes de que llegue una tormenta. Las familias deben consultar avisos del Servicio Meteorológico Nacional y de Protección Civil, identificar un refugio cercano y preparar una mochila de emergencia. También conviene asegurar objetos que puedan salir despedidos, limpiar desagües sin ponerse en riesgo y conocer las rutas de evacuación.
Durante el huracán, lo más seguro es permanecer bajo techo, lejos de ventanas y de zonas inundables. Nunca se debe cruzar una corriente de agua caminando o en vehículo: su profundidad y fuerza pueden engañar. Después del paso del sistema, hay que evitar cables caídos, agua contaminada y edificios dañados, además de esperar la autorización de las autoridades para regresar.
La intensidad de un huracán se clasifica principalmente por la velocidad de sus vientos mediante la escala Saffir-Simpson, pero una categoría menor también puede causar grandes pérdidas si produce mucha lluvia o llega a una comunidad vulnerable. Por eso, prepararse con anticipación es más importante que confiar únicamente en el número de la categoría.
- Guardar agua potable, alimentos no perecederos, linterna, radio, baterías, botiquín y documentos protegidos.
- Cargar teléfonos y mantener comunicación con familiares mediante un plan previamente acordado.
- Evacuar de inmediato si las autoridades lo indican, especialmente en costas, riberas y zonas de deslave.
- Consultar información oficial y no difundir rumores o mensajes sin verificar.

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