El agua que bebemos hoy puede haber formado parte de un glaciar, de una nube o de un río hace miles de años. Esto es posible gracias al ciclo del agua, un proceso continuo en el que el agua cambia de lugar y, en ocasiones, de estado. Conocer las etapas del ciclo del agua ayuda a entender cómo se forman las nubes, por qué llueve y de qué manera se llenan los ríos, los lagos y los acuíferos. Aunque parece un recorrido sencillo, intervienen el Sol, la atmósfera, el suelo, las plantas y todos los seres vivos.

¿Qué es el ciclo del agua y qué lo pone en marcha?
El ciclo del agua es el movimiento constante del agua entre la superficie terrestre, el subsuelo y la atmósfera. No tiene un principio ni un final únicos: el agua puede comenzar su recorrido en el mar, pasar a una nube, caer sobre una montaña y regresar al océano mediante un río.
La energía principal de este sistema procede del Sol. Su calor provoca la evaporación de parte del agua y permite que el ciclo continúe. La gravedad también es esencial, porque hace que el agua caída descienda por las laderas, se infiltre en el terreno o vuelva hacia zonas más bajas.
- El agua puede cambiar de estado: líquido, sólido o gaseoso.
- El ciclo distribuye agua dulce por distintos lugares del planeta.
- Su velocidad depende de la temperatura, el viento, el relieve y la vegetación.
Evaporación y transpiración: el agua sube a la atmósfera
La primera etapa que suele explicarse es la evaporación. Cuando el Sol calienta mares, ríos, lagos o charcos, algunas moléculas de agua adquieren suficiente energía para convertirse en vapor y subir al aire. Este cambio ocurre sin que el agua deje de ser la misma sustancia.
Las plantas también participan mediante la transpiración: liberan vapor de agua a través de pequeños orificios de sus hojas. La suma de la evaporación y la transpiración recibe el nombre de evapotranspiración. En lugares cálidos, soleados y con viento, este proceso suele ser más rápido. También puede producirse sublimación, cuando la nieve o el hielo pasan directamente a vapor sin convertirse antes en líquido.
- Evaporación: paso del agua líquida a vapor.
- Transpiración: liberación de vapor por las plantas.
- Sublimación: paso directo del hielo o la nieve al estado gaseoso.
Condensación: cómo se forman las nubes
A medida que el vapor asciende, encuentra zonas más frías de la atmósfera. Entonces pierde calor y se transforma en diminutas gotas de agua o en pequeños cristales de hielo. Este proceso se llama condensación. Las gotas se reúnen alrededor de partículas microscópicas de polvo, sal o humo que flotan en el aire.
Una nube no es una masa de vapor invisible, sino una agrupación de gotas y cristales suspendidos. Si el aire contiene mucha humedad y se enfría lo suficiente, estas partículas aumentan de tamaño. Cuando ya no pueden mantenerse flotando, comienza la siguiente etapa: la precipitación.
- El enfriamiento del aire favorece la condensación.
- Las nubes pueden estar formadas por gotas, cristales de hielo o ambos.
- La niebla es también una forma de condensación, pero cerca del suelo.
Precipitación: el agua regresa a la superficie
La precipitación ocurre cuando las gotas de agua o los cristales de hielo de una nube crecen y caen por efecto de la gravedad. La forma que adoptan depende de la temperatura del aire durante su recorrido. Por eso puede presentarse como lluvia, nieve, granizo o aguanieve.
No todas las precipitaciones llegan al suelo. Parte del agua puede evaporarse mientras cae o quedar retenida temporalmente en las hojas de los árboles. La cantidad y la intensidad de la lluvia influyen en la disponibilidad de agua, pero también pueden causar inundaciones si el terreno no logra absorberla con suficiente rapidez.
- Lluvia: gotas de agua líquida.
- Nieve: cristales de hielo que llegan al suelo.
- Granizo: bolas de hielo formadas dentro de nubes de tormenta.
Infiltración, escorrentía y acumulación: el recorrido continúa
Después de precipitar, el agua sigue caminos diferentes. Una parte se introduce en el suelo mediante la infiltración y alimenta las aguas subterráneas. Cuando esas reservas se almacenan entre rocas y sedimentos, forman acuíferos. Otra parte circula por la superficie: es la escorrentía, que alimenta arroyos, ríos, lagos y finalmente mares y océanos.
La nieve acumulada puede permanecer durante meses o años en glaciares y montañas. Cuando se derrite, libera agua que vuelve a desplazarse por el paisaje. Los seres humanos modificamos este recorrido al pavimentar el suelo, talar bosques, construir presas o extraer demasiada agua de los acuíferos. Por eso es importante proteger humedales, reducir la contaminación y utilizar el agua de manera responsable.
Observar un charco que desaparece, una nube que crece o un arroyo que aumenta después de la lluvia permite reconocer el ciclo del agua en la vida cotidiana. Aunque sus etapas se estudian por separado, todas están conectadas y forman un proceso natural continuo.
- Infiltración: el agua penetra en el suelo.
- Escorrentía: el agua se desplaza sobre la superficie.
- Acumulación: el agua se reúne en océanos, lagos, ríos, glaciares y acuíferos.

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