Un cohete espacial es un vehículo diseñado para transportar personas, satélites o instrumentos fuera de la atmósfera terrestre. Para lograrlo debe vencer la gravedad y alcanzar una velocidad enorme. Pero ¿cómo funciona un cohete espacial si en el espacio casi no hay aire contra el que empujarse? La respuesta está en la expulsión de gases a gran velocidad y en una de las leyes fundamentales de la física: toda acción produce una reacción de igual intensidad y sentido contrario.

 
Infografia sobre ¿Cómo funciona un cohete espacial?

¿Por qué un cohete puede avanzar en el espacio?

Un cohete no necesita apoyarse en el aire para moverse. En sus motores, el combustible se quema junto con un oxidante y produce gases muy calientes. Estos gases salen disparados por una abertura situada en la parte inferior, llamada tobera. Al expulsar masa hacia abajo, el cohete recibe un empuje hacia arriba.

Este principio se conoce como la tercera ley de Newton. Es parecido a lo que ocurre cuando soltamos un globo inflado: el aire sale en una dirección y el globo se mueve en la contraria. En un cohete, la expulsión es mucho más potente y controlada. Además, llevar su propio oxidante le permite funcionar incluso donde no hay oxígeno atmosférico.

  • El combustible aporta la energía necesaria para la combustión.
  • El oxidante permite quemar el combustible sin depender del aire exterior.
  • La tobera dirige y acelera los gases para producir más empuje.

Las partes esenciales de un cohete

Aunque existen muchos diseños, la mayoría de los cohetes espaciales tienen varios elementos comunes. En la parte superior se encuentra la carga útil, que puede ser un satélite, una cápsula con astronautas, una sonda científica o suministros para una estación espacial.

Debajo suelen estar los tanques, los motores y los sistemas electrónicos. Los ordenadores de a bordo reciben información de sensores y ayudan a mantener la trayectoria. También hay estructuras que protegen el vehículo durante el despegue y paneles o cubiertas que se separan cuando ya no son necesarios.

Cada componente cumple una función precisa, porque el cohete debe ser resistente, pero también lo más ligero posible. Llevar demasiado peso exigiría más combustible y dificultaría alcanzar la velocidad necesaria.

  • Carga útil: transporta el objeto o las personas que viajarán al espacio.
  • Tanques: almacenan el combustible y el oxidante.
  • Motores: generan los gases y el empuje.
  • Sistemas de guiado: controlan la dirección, la velocidad y la trayectoria.
  • Escudo térmico o carenado: protege la carga durante el ascenso o el regreso.

¿Qué ocurre durante el lanzamiento?

El lanzamiento comienza cuando los motores alcanzan suficiente potencia para superar el peso del cohete. Durante los primeros segundos, el vehículo asciende lentamente, pero pronto acelera. A medida que consume combustible se vuelve más ligero, por lo que puede aumentar su velocidad con mayor facilidad.

Muchos cohetes utilizan varias etapas. Cuando una etapa agota sus depósitos, se separa y cae o se recupera. Así, el resto del vehículo no tiene que seguir transportando tanques y motores vacíos. Esta estrategia permite aprovechar mejor la energía y alcanzar velocidades de varios kilómetros por segundo.

El cohete no sube simplemente en línea recta hasta el espacio. Después de atravesar las capas más densas de la atmósfera, inclina su trayectoria para ganar velocidad horizontal. Esto es fundamental para entrar en órbita: una nave en órbita está cayendo continuamente hacia la Tierra, pero avanza tan rápido que nunca llega a tocarla.

  • Encendido y despegue: los motores producen un empuje superior al peso del vehículo.
  • Ascenso: el cohete atraviesa la atmósfera y ajusta su dirección.
  • Separación de etapas: se desprenden las partes que ya no son útiles.
  • Inserción orbital: la carga alcanza la velocidad y la altura necesarias.

¿Todos los cohetes utilizan el mismo combustible?

No. Los motores químicos son los más utilizados para despegar desde la Tierra porque producen un empuje muy grande en poco tiempo. Los motores de combustible líquido permiten controlar mejor el empuje y apagarse o volver a encenderse en algunos diseños. Los combustibles sólidos son más sencillos y resistentes, aunque ofrecen menos posibilidades de regulación una vez encendidos.

También existen motores eléctricos o iónicos, que expulsan partículas a velocidades extraordinarias. Consumen muy poco combustible y son útiles para misiones largas en el espacio, pero generan un empuje pequeño. Por eso no suelen servir para levantar un cohete desde la superficie terrestre.

La elección depende del objetivo de la misión. Un lanzamiento necesita mucha fuerza inicial, mientras que una sonda que viaja durante meses puede beneficiarse de un motor eficiente aunque avance lentamente.

  • Combustible líquido: control preciso y gran capacidad de ajuste.
  • Combustible sólido: diseño sencillo y almacenamiento práctico.
  • Propulsión eléctrica: gran eficiencia para viajes espaciales prolongados.
  • Propulsión híbrida: combina características de combustibles sólidos y líquidos.

¿Qué sucede después de llegar al espacio?

Una vez colocada la carga en la trayectoria adecuada, el cohete puede liberar el satélite, enviar una cápsula hacia otra órbita o iniciar un viaje a la Luna o a otro planeta. Algunas etapas quedan en el espacio, mientras que otras regresan a la Tierra y pueden reutilizarse.

La reutilización reduce ciertos costes y permite preparar nuevos lanzamientos con mayor rapidez, aunque exige diseñar sistemas capaces de soportar el calentamiento del regreso y aterrizar con precisión. En cualquier caso, el objetivo principal siempre es el mismo: convertir la energía química del combustible en movimiento controlado.

Comprender cómo funciona un cohete espacial ayuda a relacionar varias ciencias a la vez: física para estudiar el empuje, química para analizar la combustión, ingeniería para construir el vehículo y astronomía para planificar su ruta. Cada lanzamiento es, por tanto, una combinación de leyes naturales, cálculos y tecnología.