La superficie de la Tierra cambia constantemente, aunque muchas veces no podamos observarlo a simple vista. Los agentes de erosión son los elementos naturales que desgastan, transportan y depositan materiales de las rocas y del suelo. Gracias a su acción se forman valles, acantilados, dunas, playas y otras formas del relieve. La erosión es un proceso natural, pero puede acelerarse por actividades humanas como la deforestación, la agricultura intensiva o la construcción.

 
Infografia sobre Agentes de erosión

¿Qué hacen los agentes de erosión?

La erosión ocurre cuando un material de la superficie terrestre se desprende y es desplazado hacia otro lugar. No debe confundirse con la meteorización: la meteorización rompe o altera las rocas en el mismo sitio, mientras que la erosión incluye el transporte de los fragmentos.

Después, esos materiales pueden acumularse mediante la sedimentación. Por eso, en un proceso completo suelen distinguirse tres etapas: desgaste, transporte y depósito. Una montaña puede perder partículas por la lluvia, estas pueden viajar por un río y finalmente quedar acumuladas en una llanura o en la desembocadura.

El agua: el agente más visible

El agua de lluvia, los ríos, los arroyos y las corrientes subterráneas son algunos de los agentes de erosión más importantes. Cuando llueve con fuerza, el agua corre por la superficie y arrastra tierra y pequeñas rocas. Si el suelo no tiene vegetación, el proceso resulta más intenso porque las raíces ya no sujetan las partículas.

Los ríos erosionan de distintas maneras según su velocidad y el tipo de terreno. En las zonas altas excavan el fondo y forman valles estrechos; en las zonas bajas avanzan más lentamente, depositan sedimentos y crean meandros, llanuras aluviales y deltas. El agua también disuelve ciertas rocas, como la caliza, y puede originar cuevas y paisajes kársticos.

En las costas, las olas golpean los acantilados y transportan arena y fragmentos. Con el tiempo aparecen cuevas marinas, arcos, playas y acantilados. La forma de estas costas depende de la fuerza del oleaje, el tipo de roca y la presencia de corrientes marinas.

  • La lluvia produce erosión en láminas, surcos y cárcavas.
  • Los ríos transportan sedimentos y modifican el relieve de sus orillas.
  • El oleaje desgasta las costas y redistribuye la arena.

Viento, hielo y gravedad también transforman el relieve

El viento actúa con mayor fuerza en lugares secos, donde hay poca vegetación y abundan las partículas sueltas. Puede levantar polvo y arena, o lanzar granos contra las rocas, como si fueran diminutos proyectiles. Así se forman dunas, se pulen superficies rocosas y se transportan sedimentos a grandes distancias.

El hielo de los glaciares es otro agente muy potente. Un glaciar se desplaza lentamente por efecto de la gravedad y arrastra rocas en su base y en sus bordes. Durante miles de años puede excavar valles amplios con forma de U, dejar depósitos llamados morrenas y transportar bloques enormes.

La gravedad interviene en desprendimientos, avalanchas y deslizamientos de tierra. A menudo actúa junto con el agua: una lluvia intensa puede empapar una ladera, reducir la estabilidad del suelo y provocar el descenso de rocas y barro. En este caso, el material se mueve principalmente cuesta abajo.

¿Cómo influye la actividad humana?

La erosión natural es necesaria para renovar paisajes y transportar nutrientes, pero algunas acciones humanas la aceleran demasiado. La tala de bosques, el sobrepastoreo, los incendios, el cultivo en pendientes y la eliminación de la vegetación dejan el suelo expuesto al agua y al viento. También las obras, las carreteras y la extracción de materiales pueden alterar el recorrido de las corrientes.

La erosión excesiva provoca pérdida de suelo fértil, sedimentación de ríos, daños en cultivos y mayor riesgo de inundaciones o deslizamientos. En las costas, la construcción desordenada y la desaparición de dunas pueden aumentar la pérdida de arena.

Para reducir sus efectos se pueden aplicar medidas sencillas y eficaces:

  • Conservar bosques, matorrales y cubiertas vegetales.
  • Plantar árboles o mantener terrazas en terrenos inclinados.
  • Evitar el sobrepastoreo y cultivar siguiendo las curvas de nivel.
  • Proteger dunas, humedales y riberas, que funcionan como barreras naturales.

Una forma sencilla de observar la erosión

La erosión puede estudiarse con un experimento escolar. Coloca tierra en dos bandejas: cubre una con hierba o pequeñas plantas y deja la otra sin vegetación. Inclina ambas ligeramente y vierte la misma cantidad de agua sobre cada una. Si recoges el agua que sale, comprobarás que la bandeja desnuda suele liberar más barro y sedimentos.

Este ejemplo muestra la importancia de las raíces, que sujetan el suelo, y de las hojas, que disminuyen la fuerza con la que cae la lluvia. También ayuda a comprender que los agentes de erosión no actúan de forma aislada: el agua puede iniciar el desgaste, la gravedad mover los materiales y un río transportarlos. Observar estos procesos permite entender que el relieve terrestre está en permanente transformación.