Betelgeuse es una de las estrellas más fáciles de reconocer en el cielo nocturno. Forma parte de la constelación de Orión y destaca por su característico tono rojizo, visible incluso sin telescopio desde muchos lugares. Las características de Betelgeuse la convierten en un objeto especialmente interesante: es una supergigante roja enorme, fría en comparación con el Sol, variable y cercana al final de su vida estelar. Estudiarla ayuda a comprender cómo nacen, cambian y mueren las estrellas más masivas.

¿Dónde está Betelgeuse y cómo se reconoce?
Betelgeuse ocupa uno de los hombros de Orión, una de las constelaciones más conocidas del firmamento. El otro hombro está marcado por Bellatrix, mientras que las tres estrellas alineadas del cinturón ayudan a identificar rápidamente la figura del cazador mitológico. Su nombre científico es Alfa Orionis, aunque no siempre es la estrella más brillante de la constelación.
Su color anaranjado o rojizo se debe a que su superficie tiene una temperatura aproximada de 3.500 grados Celsius, bastante menor que la del Sol, cuya superficie alcanza unos 5.500 grados Celsius. Aun así, Betelgeuse emite una enorme cantidad de energía porque su tamaño es extraordinario.
- Se encuentra a una distancia aproximada de entre 500 y 650 años luz de la Tierra.
- Puede observarse a simple vista en noches despejadas, sobre todo entre finales de otoño e invierno del hemisferio norte.
- Su brillo cambia con el tiempo, por lo que a veces parece más intensa y otras veces más débil.
Un tamaño que supera cualquier comparación cotidiana
Una de las características de Betelgeuse que más sorprende es su radio. Si estuviera en el lugar del Sol, su superficie podría extenderse más allá de la órbita de Marte y, según la estimación utilizada, acercarse a la región de Júpiter. Las medidas no son totalmente exactas porque la estrella tiene una atmósfera exterior muy extendida y difícil de delimitar.
Su diámetro puede ser cientos de veces mayor que el solar, y su volumen permitiría contener cientos de millones de estrellas como la Tierra. Sin embargo, su densidad media es muy baja: el material de las supergigantes rojas se encuentra expandido y forma capas exteriores poco compactas.
- Es una supergigante roja, una de las fases finales de las estrellas masivas.
- Su radio se estima aproximadamente entre 700 y 1.000 veces el del Sol.
- Su luminosidad puede superar en decenas de miles de veces la luminosidad solar.
¿Por qué Betelgeuse cambia de brillo?
Betelgeuse no brilla siempre con la misma intensidad. Es una estrella variable semirregular, porque sus capas exteriores se expanden y contraen en ciclos que no son perfectamente constantes. Además, enormes células de convección transportan energía desde el interior hasta la superficie. Estas regiones pueden ser tan grandes que afectan al brillo total observado desde la Tierra.
Entre finales de 2019 y comienzos de 2020 se produjo un oscurecimiento especialmente llamativo. Durante ese episodio, Betelgeuse perdió parte de su brillo habitual. Los estudios indican que una zona de la superficie expulsó material, que después se enfrió y formó una nube de polvo capaz de bloquear parte de su luz. No fue una explosión ni una señal de que fuera a desaparecer de inmediato.
Observar estas variaciones permite a los astrónomos conocer mejor la pérdida de masa y los movimientos internos de las supergigantes rojas.
Una estrella que se acerca a una etapa decisiva
Betelgeuse nació con una masa entre aproximadamente 15 y 20 veces la del Sol. Las estrellas tan masivas consumen su combustible nuclear con rapidez. Aunque pueden vivir millones de años, su existencia es mucho más breve que la del Sol, que tiene una vida prevista de unos 10.000 millones de años.
En su interior, Betelgeuse ha transformado elementos ligeros en otros más pesados mediante reacciones nucleares. Cuando ya no pueda sostenerse con la energía producida por esas reacciones, su núcleo colapsará. Entonces podría producirse una supernova de tipo II, una explosión gigantesca que dispersaría elementos por el espacio y contribuiría a formar nuevas estrellas y planetas.
Los científicos saben que ese final ocurrirá algún día, pero no pueden predecir la fecha exacta. Podría suceder dentro de miles o cientos de miles de años, por lo que no hay motivos para pensar que la explosión sea inminente a escala humana.
Qué nos enseña Betelgeuse sobre el universo
Betelgeuse funciona como un laboratorio natural para estudiar la evolución estelar. Sus pulsaciones, sus nubes de polvo y la pérdida de material muestran lo que puede ocurrir cuando una estrella masiva envejece. Además, su relativa cercanía permite observar detalles que serían imposibles de distinguir en estrellas mucho más lejanas.
Cuando finalmente se convierta en supernova, su brillo podría ser extraordinario y sería visible desde la Tierra incluso durante el día durante un tiempo. No representaría un peligro directo para nuestro planeta, porque está demasiado lejos. Después de la explosión, probablemente quedaría una estrella de neutrones o un agujero negro, dependiendo de la masa que conserve su núcleo.
Por eso, las características de Betelgeuse no solo explican el aspecto de una estrella rojiza en Orión. También cuentan la historia de una estrella gigantesca que está transformando su entorno y que ofrece una oportunidad única para aprender cómo funciona el ciclo de vida estelar.

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