Las formas del relieve son las distintas figuras y desniveles que presenta la superficie terrestre. Montañas, llanuras, valles, mesetas, depresiones y formas del fondo marino forman parte de un paisaje que está en constante transformación. Aunque algunas modificaciones tardan millones de años, otras pueden producirse en poco tiempo por la acción de un terremoto, una erupción volcánica, un deslizamiento o la erosión. Conocer el relieve ayuda a comprender cómo se organizan los paisajes, dónde viven las personas y por qué cada región tiene unas condiciones naturales determinadas.

 
Infografia sobre Formas del relieve

¿Qué entendemos por relieve?

El relieve es el conjunto de elevaciones, hundimientos y superficies planas que existen sobre la corteza terrestre. No se limita a las zonas que vemos en tierra firme: también incluye las formas del fondo de los océanos y mares.

Cada forma del relieve tiene una altitud, una pendiente y unas características propias. La altitud indica su altura respecto al nivel del mar, mientras que la pendiente muestra si el terreno es plano, inclinado o muy escarpado. Estos elementos influyen en el clima, la vegetación, los animales y las actividades humanas.

El relieve no es completamente inmóvil. Se modifica por la combinación de fuerzas internas de la Tierra y agentes externos como el agua, el viento, el hielo y los cambios de temperatura. Por eso, un paisaje actual puede ser muy diferente dentro de miles o millones de años.

Formas del relieve continental más importantes

Las formas del relieve continental aparecen en los continentes y en las islas. Se diferencian principalmente por su altura, su forma y el grado de inclinación del terreno. Algunas favorecen la agricultura, mientras que otras dificultan las comunicaciones o la construcción.

Entre las más conocidas se encuentran:

  • Montañas: elevaciones naturales del terreno, generalmente con fuertes pendientes y una cima. Cuando varias montañas están unidas forman una cordillera o una sierra.
  • Valles: terrenos bajos situados entre montañas o colinas. Muchos se han formado por la acción prolongada de los ríos y suelen ser aprovechados para cultivar o establecer poblaciones.
  • Llanuras: superficies extensas y casi planas, con poca diferencia de altura. Sus suelos suelen ser adecuados para la agricultura y facilitan la construcción de carreteras y ciudades.
  • Mesetas: superficies relativamente planas que se encuentran a una altura considerable sobre el nivel del mar. Pueden estar rodeadas de pendientes o barrancos.
  • Depresiones: zonas del terreno más bajas que las áreas que las rodean. Algunas se encuentran por debajo del nivel del mar y otras se sitúan entre montañas.

¿Qué formas aparecen en el relieve submarino?

El fondo de los océanos también posee montañas, llanuras y profundas depresiones. Aunque no podemos observarlo directamente con facilidad, su relieve se estudia mediante mapas, robots submarinos y sistemas de medición por sonar.

La plataforma continental es la prolongación del continente bajo el mar. Es relativamente poco profunda y tiene gran importancia para la pesca y la extracción de algunos recursos. Después aparece el talud continental, una zona de pendiente pronunciada que conduce hacia las grandes profundidades.

En el fondo oceánico se encuentran las dorsales oceánicas, largas cordilleras submarinas formadas donde asciende material caliente del interior terrestre. También existen llanuras abisales, muy extensas y profundas, y fosas oceánicas, que son estrechas depresiones de enorme profundidad. La fosa de las Marianas es uno de los lugares más profundos conocidos del planeta.

¿Cómo se forman y transforman las formas del relieve?

La formación del relieve depende de procesos internos y externos. Las fuerzas internas proceden del calor del interior de la Tierra y pueden mover las placas tectónicas. Cuando estas placas chocan, se separan o se deslizan, originan montañas, volcanes, terremotos y fallas. Por ejemplo, muchas cordilleras se elevan debido al choque entre placas continentales.

Los procesos externos desgastan, transportan y depositan materiales. La erosión puede redondear una montaña, abrir un valle o formar un acantilado. Después, los fragmentos de roca son transportados y depositados en otros lugares, donde pueden crear playas, deltas o llanuras.

Los principales agentes externos son:

  • El agua de los ríos y la lluvia, que excavan el terreno y transportan sedimentos.
  • El hielo de los glaciares, que abre valles amplios y arrastra grandes bloques de roca.
  • El viento, especialmente importante en zonas secas, donde forma dunas y desgasta las rocas.
  • Los cambios de temperatura, que agrietan las rocas cuando el agua entra en sus pequeñas fisuras y se congela.
  • La acción de los seres vivos y de las personas, que también modifica el suelo mediante raíces, cultivos, carreteras, minas y construcciones.

¿Por qué es importante conocer el relieve?

El relieve influye directamente en la vida cotidiana. Las montañas pueden actuar como barreras que modifican la temperatura y la cantidad de lluvia; las llanuras facilitan la agricultura y las comunicaciones; y los valles suelen concentrar ríos, cultivos y asentamientos humanos. Además, ciertas formas del relieve ofrecen recursos naturales, paisajes turísticos y espacios para actividades como el senderismo o el esquí.

Sin embargo, vivir en determinadas zonas también implica riesgos. Las áreas cercanas a volcanes pueden sufrir erupciones, las laderas inestables pueden experimentar desprendimientos y las llanuras próximas a los ríos pueden inundarse. Por eso, estudiar el relieve permite planificar mejor las ciudades, proteger a la población y cuidar los ecosistemas.

En resumen, las formas del relieve son el resultado de una larga historia geológica y de una transformación continua. Observar un valle, una montaña o una playa es descubrir una parte de los procesos que han modelado nuestro planeta.