Aunque vivimos sobre la superficie terrestre, nuestro planeta es mucho más que suelo, rocas y océanos. Bajo nuestros pies existe una estructura gigantesca formada por materiales sometidos a temperaturas y presiones extremas. Las capas internas de la Tierra se organizan de manera parecida a las capas de una esfera, pero cada una tiene una composición, un estado físico y una función diferente. Conocerlas ayuda a comprender fenómenos como los terremotos, los volcanes, el movimiento de los continentes y la existencia del campo magnético que protege la vida.

 
Infografia sobre Capas internas de la Tierra

¿Cómo se dividen las capas internas de la Tierra?

La Tierra se divide principalmente en corteza, manto y núcleo. Esta clasificación se basa en la composición de los materiales. También existe otra forma de estudiarla, relacionada con el comportamiento físico de las rocas: litosfera, astenosfera, mesosfera, núcleo externo y núcleo interno.

La distancia hasta el centro terrestre es de unos 6.371 kilómetros, pero los seres humanos solo hemos perforado una pequeña parte de la corteza. Por eso, los científicos conocen el interior del planeta sobre todo mediante el análisis de las ondas sísmicas, la gravedad, el magnetismo y los materiales expulsados por algunos volcanes.

  • Corteza: capa superficial, sólida y relativamente delgada.
  • Manto: zona intermedia, caliente y muy extensa.
  • Núcleo: región central, rica principalmente en hierro y níquel.

La corteza: la superficie que habitamos

La corteza terrestre es la capa más externa y delgada. Su grosor no es igual en todas partes: la corteza oceánica mide aproximadamente entre 5 y 10 kilómetros, mientras que la continental puede alcanzar entre 30 y 70 kilómetros, especialmente bajo grandes cordilleras.

La corteza oceánica está formada sobre todo por rocas oscuras y densas, como el basalto. La continental contiene rocas variadas, entre ellas el granito, y suele ser más antigua y menos densa. La corteza, junto con la parte superior rígida del manto, forma la litosfera, que está fragmentada en placas tectónicas.

Estas placas se desplazan muy lentamente sobre una zona más caliente y deformable llamada astenosfera. Aunque el movimiento suele ser de unos pocos centímetros al año, puede provocar cambios enormes a lo largo de millones de años.

  • En la corteza continental se encuentran los continentes y muchas cadenas montañosas.
  • La corteza oceánica se crea continuamente en las dorsales submarinas.
  • Los terremotos suelen producirse por el movimiento o la interacción de las placas tectónicas.

El manto y sus corrientes de calor

Debajo de la corteza se encuentra el manto, que llega hasta unos 2.900 kilómetros de profundidad. Está compuesto por rocas ricas en minerales como silicatos de hierro y magnesio. Aunque en gran parte es sólido, la presión y el calor hacen que pueda deformarse lentamente durante largos periodos.

En el manto se producen corrientes de convección: el material más caliente tiende a ascender y el más frío desciende. Estas corrientes contribuyen al movimiento de las placas tectónicas. Cuando una placa oceánica se hunde bajo otra, se produce una zona de subducción, capaz de originar volcanes, terremotos y fosas oceánicas.

El manto no es un océano de roca líquida. Esta es una idea frecuente pero incorrecta: la mayor parte permanece sólida, aunque se comporta de forma muy lenta y plástica a escala geológica.

  • El manto superior participa directamente en el movimiento de las placas.
  • El manto inferior soporta presiones y temperaturas todavía mayores.
  • El calor interno procede, en parte, de la formación de la Tierra y de la desintegración de elementos radiactivos.

El núcleo: una fuente de calor y magnetismo

El núcleo terrestre comienza a unos 2.900 kilómetros de profundidad y se divide en núcleo externo y núcleo interno. Está formado principalmente por hierro y níquel, aunque también contiene pequeñas cantidades de otros elementos.

El núcleo externo es líquido. Sus movimientos generan corrientes eléctricas que producen el campo magnético terrestre. Este campo desvía gran parte de las partículas cargadas procedentes del Sol y ayuda a proteger la atmósfera y a los seres vivos. En ocasiones, esas partículas originan auroras cerca de las regiones polares.

El núcleo interno es sólido, a pesar de alcanzar temperaturas cercanas a las de la superficie del Sol. La enorme presión existente en el centro de la Tierra impide que el hierro se funda por completo. Esta diferencia entre un núcleo externo líquido y uno interno sólido es fundamental para entender la dinámica planetaria.

  • Núcleo externo: líquido y relacionado con el campo magnético.
  • Núcleo interno: sólido debido a la presión extrema.
  • El centro de la Tierra se encuentra a unos 6.371 kilómetros de profundidad.

¿Cómo sabemos qué hay bajo nuestros pies?

Como no es posible viajar directamente hasta el manto profundo o el núcleo, la principal fuente de información son las ondas sísmicas. Cuando ocurre un terremoto, estas ondas atraviesan el planeta y cambian de velocidad o dirección al encontrarse con materiales distintos.

Las ondas P pueden atravesar sólidos y líquidos, mientras que las ondas S solo se propagan por sólidos. Al observar que las ondas S no atraviesan el núcleo externo, los científicos dedujeron que esa región es líquida. Además, las zonas donde no llegan ciertas ondas permiten elaborar mapas del interior terrestre.

El estudio de las capas internas de la Tierra demuestra que nuestro planeta está en constante transformación. Sus movimientos internos pueden ser lentos, pero explican muchos paisajes y fenómenos que observamos en la superficie, desde la formación de montañas hasta la actividad volcánica.