Una pulga sobre un perro, una tenia en el intestino y un muérdago creciendo sobre un árbol son ejemplos de parasitismo. Aunque parecen situaciones muy distintas, todas tienen algo en común: un organismo obtiene recursos de otro y le causa un perjuicio. Esta relación aparece entre animales, plantas y microorganismos. Conocer casos concretos ayuda a entender cómo viven los parásitos, cómo llegan a sus hospedadores y por qué sus efectos pueden ir desde una pequeña molestia hasta una enfermedad grave.

¿Qué es el parasitismo y quién resulta perjudicado?
El parasitismo es una relación biológica en la que un organismo, llamado parásito, se beneficia a costa de otro, conocido como hospedador. Puede obtener alimento, refugio o recursos necesarios para reproducirse. El hospedador, en cambio, sufre algún daño: pierde nutrientes, presenta lesiones o debe gastar energía en defenderse.
A diferencia de un depredador, que mata a su presa para consumirla, un parásito normalmente aprovecha a su hospedador durante cierto tiempo sin matarlo de inmediato. Eso no significa que sea inofensivo: algunas infecciones parasitarias pueden resultar mortales.
Según dónde vivan, se distinguen ectoparásitos, situados sobre la superficie del cuerpo, y endoparásitos, que habitan en su interior. Esta diferencia permite ordenar muchos ejemplos cotidianos.
Pulgas, piojos y garrapatas: parásitos externos
Los parásitos externos son fáciles de imaginar porque muchos viven sobre la piel o entre el pelo. Algunos permanecen casi toda su vida en el hospedador; otros solo se acercan para alimentarse.
- Pulgas en perros y gatos: las adultas chupan sangre y sus picaduras producen picor. Pueden desencadenar dermatitis alérgica. Sus huevos suelen caer al entorno, donde continúan otras etapas de su desarrollo.
- Piojos de la cabeza: viven entre el cabello humano y se alimentan de sangre del cuero cabelludo. Se transmiten principalmente por contacto directo entre cabezas; tenerlos no indica falta de higiene.
- Garrapatas en mamíferos: se fijan a la piel y se alimentan de sangre durante períodos prolongados. Algunas también transmiten microorganismos causantes de enfermedades.
Tenias y Plasmodium: ejemplos de parasitismo interno
Las tenias son gusanos planos que, en su fase adulta, pueden vivir en el intestino humano. Absorben nutrientes a través de su superficie corporal. Algunas especies se adquieren al consumir carne de cerdo o de vacuno cruda o insuficientemente cocinada que contiene larvas. La infección puede causar molestias digestivas, aunque también pasar inadvertida.
Un caso diferente es Plasmodium, un parásito microscópico responsable de la malaria o paludismo. Llega a las personas principalmente mediante la picadura de mosquitos Anopheles hembra infectados. En el cuerpo humano atraviesa fases de desarrollo en el hígado y en los glóbulos rojos, cuya destrucción contribuye a producir anemia.
Aquí conviene distinguir dos papeles: Plasmodium es el parásito que causa la malaria y el mosquito actúa como vector de transmisión. Además, el mosquito es también hospedador del parásito, porque parte de su ciclo vital ocurre dentro de él.
Muérdago y cuscuta: también hay plantas parásitas
No todas las plantas consiguen sus recursos únicamente mediante raíces propias y fotosíntesis. Algunas desarrollan haustorios, estructuras que penetran en los tejidos de otra planta y permiten extraer sustancias.
El daño depende de la especie y de la intensidad de la infestación. Una planta hospedadora muy parasitada puede crecer menos y resistir peor la sequía.
- Muérdago: crece sobre ramas de árboles y obtiene de ellos agua y sales minerales. Como conserva clorofila y realiza fotosíntesis, se considera una planta hemiparásita.
- Cuscuta: enreda sus tallos finos alrededor de otras plantas y establece conexiones para extraer recursos, incluidos compuestos orgánicos. Muchas especies tienen una capacidad fotosintética muy reducida.
El cuco y el parasitismo de cría
El cuco común muestra que el parasitismo no siempre consiste en chupar sangre o absorber nutrientes directamente. La hembra deposita sus huevos en nidos de otras aves, que incuban el huevo y alimentan al polluelo. Este comportamiento se denomina parasitismo de cría.
El beneficio para el cuco es ahorrar gran parte del esfuerzo de crianza. Las aves hospedadoras pierden tiempo, energía y, con frecuencia, sus propias crías. En el cuco común, el polluelo puede expulsar del nido los huevos o polluelos que encuentra.
Para reconocer cualquier ejemplo de parasitismo, pregunta quién obtiene el beneficio y quién soporta el coste. Si ambos organismos se benefician, hablamos de mutualismo; si uno se beneficia sin perjudicar de forma apreciable al otro, hablamos de comensalismo.

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