Cuando alguien dice «dijistes» en lugar de «dijiste» o escribe «inagurar» en vez de «inaugurar», probablemente ha cometido un barbarismo. Este término se utiliza para referirse a una forma incorrecta o inadecuada de emplear una palabra, una expresión o una construcción según las normas de una lengua. Sin embargo, no debe entenderse como una etiqueta para burlarse de quien habla: muchas veces estos errores aparecen por costumbre, desconocimiento, influencia de otras lenguas o por la manera en que aprendemos a comunicarnos. Conocer qué es un barbarismo ayuda a expresarnos mejor y también a comprender que las lenguas están siempre en evolución.

 
Infografia sobre ¿Qué es un barbarismo?

¿Qué es exactamente un barbarismo?

Un barbarismo es un error lingüístico que afecta a la pronunciación, la escritura, la forma de una palabra o su uso dentro de una oración. Tradicionalmente, la palabra se empleaba para señalar formas consideradas ajenas o incorrectas en una lengua. Hoy se utiliza sobre todo en el ámbito escolar para identificar usos que no coinciden con la norma culta o con la forma recomendada por los diccionarios y las gramáticas.

Por ejemplo, decir «dijistes» añade una terminación que no corresponde al pretérito de segunda persona: lo correcto es «dijiste». Escribir «inagurar» cambia el orden de algunas letras; la forma adecuada es «inaugurar». El barbarismo puede aparecer tanto al hablar como al escribir, aunque en los textos escritos suele ser más fácil detectarlo y corregirlo.

  • «Dijistes» en lugar de «dijiste».
  • «Inagurar» en lugar de «inaugurar».
  • «Aereopuerto» en lugar de «aeropuerto».
  • «Andé» en lugar de «anduve», cuando se usa el verbo ir o andar de forma incorrecta.

¿Qué tipos de barbarismos existen?

No todos los barbarismos se producen de la misma manera. Algunos afectan a los sonidos, otros a las letras y otros a la formación de las palabras. Reconocer el tipo de error permite entender mejor por qué se considera incorrecto y cómo evitarlo.

También puede hablarse de barbarismos relacionados con palabras extranjeras. Usar un término de otro idioma no siempre es un error: algunas voces extranjeras han sido aceptadas por el español, mientras que otras deben adaptarse o sustituirse cuando existe una opción clara en nuestra lengua.

  • De pronunciación: decir «cónyugue» en vez de «cónyuge».
  • Ortográficos: escribir «exepción» en lugar de «excepción».
  • Morfológicos: decir «hablastes» en vez de «hablaste».
  • Léxicos: emplear una palabra con una forma que no pertenece al español estándar.
  • Por extranjerismo no adaptado: usar una voz extranjera innecesaria cuando existe una alternativa española, como «feedback» en lugar de «retroalimentación» en ciertos contextos.

¿Por qué cometemos barbarismos?

Los barbarismos aparecen por razones muy variadas. Una de las más frecuentes es la analogía: intentamos formar una palabra siguiendo el modelo de otra que ya conocemos. Por eso algunas personas dicen «andé», siguiendo el patrón de «canté» o «salté», aunque el verbo «andar» tiene una forma irregular: «anduve».

También influyen la pronunciación familiar, la rapidez al hablar, la lectura insuficiente y la influencia de otros idiomas o de los medios de comunicación. En una comunidad pueden repetirse ciertas formas durante mucho tiempo, hasta parecer normales. Esto explica por qué un error no surge necesariamente por falta de inteligencia, sino por hábitos lingüísticos adquiridos en el entorno.

  • Escuchar una forma incorrecta y repetirla sin comprobarla.
  • Confundir palabras de sonido parecido, como «actitud» y «aptitud».
  • Aplicar una regla regular a un verbo irregular.
  • Trasladar al español la pronunciación o la estructura de otra lengua.

¿Cómo se puede identificar y corregir?

El primer paso es observar la palabra o expresión que genera dudas y compararla con una fuente fiable. Un diccionario, una gramática escolar o la consulta a un docente pueden ayudar a confirmar cuál es la forma recomendada. También conviene fijarse en el contexto, porque una palabra puede ser correcta en una región y poco habitual en otra.

Para corregir un barbarismo no basta con memorizar una lista. Es más útil leer con atención, escuchar modelos variados y revisar los textos antes de entregarlos. Si se descubre un error al hablar, se puede repetir la frase con naturalidad sin avergonzarse: corregirse forma parte del aprendizaje.

  • Localiza la palabra o expresión dudosa.
  • Comprueba su escritura, pronunciación y significado.
  • Anota la forma correcta junto con un ejemplo.
  • Utilízala después en una oración nueva para fijarla en la memoria.

Barbarismo, cambio lingüístico y respeto

Es importante distinguir entre un barbarismo y una palabra nueva. Las lenguas cambian constantemente: incorporan voces de otros idiomas, crean términos para nuevas realidades y admiten usos que antes no existían. Una expresión puede considerarse incorrecta en un momento y acabar aceptándose con el tiempo si se extiende y las instituciones lingüísticas la reconocen.

Por eso, estudiar los barbarismos no significa pensar que unas personas hablan mejor que otras. La lengua también refleja la región, la edad y la historia de cada hablante. La finalidad educativa es aprender a elegir la forma más adecuada para cada situación, especialmente en exámenes, trabajos escolares o textos formales. En resumen, un barbarismo es un uso que se aparta de la norma recomendada, pero corregirlo debe ser una oportunidad para comunicarnos con mayor precisión y confianza.