Un comentario de texto no consiste en repetir con otras palabras lo que dice un fragmento. Su finalidad es comprenderlo, analizar cómo está construido y explicar qué significa dentro de su contexto. Para hacerlo bien conviene seguir un orden, aunque no exista una única plantilla obligatoria. Las partes de un comentario de texto suelen relacionarse entre sí: primero se identifica el texto, después se explica su contenido, se estudia su forma y, finalmente, se ofrece una valoración razonada.

1. Identificación y contextualización del texto
La primera parte responde a una pregunta básica: ¿qué texto estamos comentando? Hay que indicar el autor, el título si se conoce, la obra a la que pertenece, la fecha aproximada y el tipo de texto. También es importante señalar si se trata de un fragmento literario, histórico, periodístico, científico o argumentativo.
La contextualización debe ser breve y útil. No se trata de contar toda la biografía del autor, sino de aportar los datos que ayudan a entender el fragmento. Por ejemplo, en un texto histórico conviene mencionar el acontecimiento o la época relacionados con él; en uno literario, el movimiento, el género y la obra de procedencia.
En esta sección pueden incluirse estos datos:
- Naturaleza del texto: literario, histórico, jurídico, periodístico, científico o ensayístico.
- Autor, destinatario y fecha, siempre que aparezcan o puedan deducirse.
- Tema general de la obra o del momento histórico en que se escribió.
- Intención comunicativa: informar, convencer, criticar, narrar, describir o expresar sentimientos.
2. Tema, resumen y organización de las ideas
Después de identificar el texto hay que explicar de qué trata y cómo se organiza su contenido. El tema debe formularse en una oración breve, sin contar todos los detalles. Por ejemplo, no basta con escribir “la contaminación”; sería más preciso decir “la responsabilidad social ante el aumento de la contaminación urbana”.
El resumen recoge las ideas esenciales con palabras propias y sin añadir opiniones. Debe ser objetivo, claro y bastante más corto que el texto original. Conviene evitar frases como “el autor empieza diciendo” y centrarse directamente en el contenido.
También hay que distinguir las partes internas del fragmento. La estructura puede ser narrativa, descriptiva, expositiva o argumentativa. En un texto argumentativo, por ejemplo, suele aparecer una tesis, varios argumentos y una conclusión, aunque no siempre estén colocados en ese orden. Indicar dónde comienza y termina cada idea demuestra que se ha comprendido la progresión del texto.
3. Análisis de la forma y del lenguaje
Esta es una de las partes de un comentario de texto que más aporta, porque explica cómo se construye el mensaje. No basta con localizar recursos lingüísticos: hay que relacionarlos con su función. Si el autor utiliza preguntas retóricas, puede estar buscando la reflexión del lector; si emplea verbos en primera persona, quizá quiera mostrar una opinión personal o transmitir cercanía.
El análisis debe adaptarse al tipo de texto. En un texto literario se pueden estudiar la voz narrativa, los personajes, el espacio, el tiempo, la métrica o las figuras retóricas. En un texto no literario conviene observar la claridad de la exposición, el uso de datos, la selección del vocabulario y los mecanismos de persuasión.
Algunos aspectos que pueden comentarse son:
- Nivel léxico: palabras cultas, coloquiales, técnicas, valorativas o relacionadas con un campo semántico.
- Nivel sintáctico: oraciones breves o extensas, repeticiones, enumeraciones, conectores y modalidad verbal.
- Recursos expresivos: metáfora, comparación, ironía, personificación, paralelismo o pregunta retórica.
- Cohesión: pronombres, conectores y repeticiones que enlazan unas ideas con otras.
4. Interpretación: qué quiere comunicar el autor
Una vez estudiado el contenido y la forma, llega el momento de explicar el sentido global del texto. La interpretación une las observaciones anteriores. Por ejemplo, si un artículo utiliza datos estadísticos, un tono crítico y numerosos conectores causales, puede deducirse que pretende convencer al lector de que existe un problema y que deben tomarse medidas.
Es importante diferenciar la intención del autor del efecto que produce el texto. La intención es lo que busca comunicar; el efecto es la reacción que puede provocar en el receptor. También pueden señalarse los valores, conflictos o ideas secundarias presentes en el fragmento, siempre que se justifiquen con elementos concretos.
Las afirmaciones deben apoyarse en el texto. En lugar de escribir “el autor está enfadado”, es mejor explicar que emplea vocabulario negativo, exclamaciones o expresiones tajantes que revelan una actitud crítica. Interpretar no significa inventar, sino extraer conclusiones razonables a partir de las palabras del fragmento.
5. Conclusión y valoración personal razonada
La conclusión resume los resultados del comentario sin repetirlo por completo. Puede recordar el tema, destacar la intención principal y señalar los rasgos formales más importantes. También es posible valorar la actualidad, la eficacia o la relevancia del texto, pero la opinión debe estar argumentada.
Una valoración adecuada no consiste en decir únicamente “me ha gustado” o “no estoy de acuerdo”. Es preferible explicar si el texto consigue su propósito, si presenta argumentos convincentes, si su lenguaje resulta claro o si plantea un problema que sigue siendo importante. En un comentario literario, puede comentarse la fuerza de las imágenes, la profundidad de los personajes o la vigencia del conflicto.
En conjunto, las partes de un comentario de texto forman un recorrido lógico: identificar, comprender, analizar, interpretar y valorar. Leer el fragmento varias veces, subrayar las ideas principales y separar los datos objetivos de las opiniones ayuda a redactar una respuesta ordenada, precisa y personal.

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