Una fumarola es una abertura de la superficie terrestre por la que salen gases, vapor de agua y otras sustancias procedentes del interior de la Tierra. Suele encontrarse en volcanes activos o en zonas que todavía conservan mucho calor bajo el suelo. Aunque a veces parece una pequeña nube de humo, no se trata de humo producido por una combustión: es una señal de que existe actividad geotérmica y de que el calor interno continúa moviéndose hacia el exterior. Observar una fumarola permite comprender mejor cómo funciona un volcán, pero acercarse a ella puede ser peligroso.

¿Cómo se forma una fumarola?
En el interior de la Tierra, el magma calienta las rocas y el agua almacenada en grietas subterráneas. Parte de esa agua se convierte en vapor y se mezcla con gases volcánicos, como dióxido de carbono, dióxido de azufre y sulfuro de hidrógeno. Cuando la presión encuentra una fractura o un conducto hasta la superficie, la mezcla escapa y forma una fumarola.
La cantidad y el aspecto de las emisiones dependen de la temperatura, la profundidad y la composición de las rocas. Por eso algunas fumarolas expulsan un vapor blanco y constante, mientras que otras producen gases casi invisibles o dejan depósitos amarillos y rojizos alrededor de la abertura.
- El agua subterránea se calienta por el contacto con rocas calientes.
- El vapor y los gases ascienden por grietas y conductos.
- La salida de la mezcla origina la fumarola en la superficie.
¿Qué sustancias salen de una fumarola?
El componente más visible suele ser el vapor de agua, que se condensa al encontrarse con el aire frío y forma una nube blanca. Sin embargo, una fumarola también puede liberar gases que no se ven. Entre ellos destacan el dióxido de carbono, que puede acumularse en lugares bajos, y el sulfuro de hidrógeno, reconocible por su olor parecido al de los huevos podridos.
Algunas emisiones contienen minerales disueltos. Cuando el agua se evapora, estos materiales quedan depositados alrededor de la abertura. El azufre puede formar costras amarillas, mientras que otros minerales producen colores blancos, anaranjados o rojizos. Estos depósitos ayudan a los científicos a estudiar la temperatura y la química del sistema volcánico.
- Vapor de agua: suele formar la nube visible.
- Dióxido de carbono: es incoloro y puede ser peligroso en concentraciones altas.
- Sulfuro de hidrógeno: tiene un olor fuerte y puede resultar tóxico.
- Azufre y otros minerales: pueden crear costras y manchas de colores.
Tipos de fumarolas y formas parecidas
Las fumarolas se pueden clasificar según los gases y la temperatura que emiten. Las solfataras son fumarolas ricas en compuestos de azufre y suelen presentar depósitos amarillos. Las mofetas liberan sobre todo dióxido de carbono y, por lo general, tienen temperaturas más bajas. También existen salidas dominadas por vapor de agua, conocidas como respiraderos de vapor.
No deben confundirse con un géiser. Un géiser expulsa periódicamente agua caliente y vapor en forma de chorro, debido a la presión acumulada en un conducto. Una fumarola, en cambio, libera principalmente gases o vapor y puede mantenerse activa de manera continua. Las fuentes termales también están relacionadas con el calor subterráneo, pero se caracterizan por la presencia de agua caliente en la superficie.
- Solfatara: emisión con abundante azufre.
- Mofeta: emisión rica en dióxido de carbono y normalmente más fría.
- Respiradero de vapor: salida en la que predomina el vapor de agua.
¿Dónde se pueden encontrar?
Las fumarolas aparecen sobre todo en regiones volcánicas, especialmente cerca de cráteres, calderas y laderas con grietas. También pueden existir en campos geotérmicos alejados del cráter principal, donde el calor del magma calienta el agua y las rocas subterráneas. Se observan en lugares como el parque nacional de Yellowstone, en Estados Unidos; Islandia; Japón; Italia y algunas zonas volcánicas de América Latina.
Su actividad no siempre significa que vaya a producirse una erupción inmediata. Una fumarola puede permanecer durante años o siglos, aunque los cambios en su temperatura, su cantidad de vapor o su composición sí pueden ofrecer información importante. Por eso los volcanólogos las vigilan junto con los terremotos, la deformación del terreno y otros indicadores.
- Se localizan en volcanes, calderas y campos geotérmicos.
- Pueden existir aunque no haya una erupción en curso.
- Sus cambios ayudan a vigilar la actividad del subsuelo.
¿Son peligrosas y qué enseñan sobre la Tierra?
Sí. El vapor puede alcanzar temperaturas muy elevadas y provocar quemaduras graves. Además, algunos gases son tóxicos o desplazan el oxígeno, especialmente en depresiones y espacios poco ventilados. El suelo cercano puede parecer firme, pero ocultar cavidades, barro hirviendo o una capa muy delgada sobre agua caliente. Por estas razones, nunca se debe tocar una fumarola ni abandonar los senderos señalizados.
Desde el punto de vista científico, una fumarola es una ventana hacia el interior del planeta. Su existencia demuestra que el calor terrestre puede transportar agua, gases y minerales hasta la superficie. También permite estudiar cómo se enfrían los sistemas volcánicos y cómo se forman algunos depósitos minerales. La idea clave es sencilla: una fumarola no es humo, sino una salida natural de vapor y gases calentados por la energía interna de la Tierra.

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