Un terremoto es un movimiento repentino de la corteza terrestre causado por la liberación de energía acumulada en el interior del planeta. Aunque a veces parece que el suelo se mueve sin motivo, en realidad existe un proceso geológico que puede durar años o incluso siglos antes de hacerse visible. Para comprender cómo se produce un terremoto, hay que observar el movimiento de las placas tectónicas, las fallas y las ondas sísmicas que transmiten la energía.

¿Qué ocurre bajo nuestros pies?
La parte externa de la Tierra no es una pieza rígida y continua. Está dividida en grandes bloques llamados placas tectónicas, que forman la litosfera. Estas placas se desplazan muy lentamente sobre una capa más caliente y deformable del interior terrestre, a una velocidad parecida a la que crecen nuestras uñas.
Aunque se mueven solo unos centímetros al año, su enorme tamaño hace que ese desplazamiento acumule mucha energía. En los bordes de las placas, las rocas pueden quedar encajadas por la fricción. Así, las placas continúan empujando o separándose, pero el terreno no se libera de inmediato.
- En un límite convergente, dos placas chocan y una puede hundirse bajo la otra.
- En un límite divergente, las placas se separan y asciende material caliente del interior.
- En un límite transformante, dos placas se deslizan lateralmente en sentidos opuestos.
La falla: el lugar donde se libera la energía
Una falla geológica es una fractura o zona de fracturas en la corteza terrestre donde dos bloques de roca pueden desplazarse. Cuando las fuerzas tectónicas superan la resistencia de las rocas y la fricción que las mantiene trabadas, la falla se rompe o se desliza de forma repentina.
Ese movimiento libera la energía que se había acumulado durante mucho tiempo. El punto del interior donde comienza la ruptura se llama hipocentro o foco. El lugar situado justo encima, en la superficie, recibe el nombre de epicentro. El epicentro no es el origen del terremoto, pero suele ser una de las zonas donde el movimiento se siente con mayor intensidad.
¿Cómo viaja el movimiento hasta la superficie?
La energía liberada en el hipocentro se propaga mediante ondas sísmicas. Estas ondas atraviesan el interior de la Tierra y también se desplazan por su superficie, provocando vibraciones en el suelo, los edificios y otros objetos.
Las ondas P son las más rápidas y comprimen y expanden las rocas en la misma dirección en la que avanzan. Las ondas S llegan después y hacen que las partículas se muevan de lado a lado o de arriba abajo; no pueden atravesar líquidos. Finalmente, las ondas superficiales viajan por la parte externa del planeta y suelen causar muchos daños porque producen movimientos amplios cerca de la superficie.
La intensidad de un terremoto depende, entre otros factores, de la energía liberada, la profundidad del foco, la distancia al epicentro y el tipo de terreno. Un suelo blando puede amplificar las vibraciones más que una roca firme.
¿Todos los terremotos tienen la misma causa?
La mayoría de los terremotos son tectónicos, es decir, están relacionados con el movimiento de las placas y el desplazamiento de fallas. Sin embargo, también pueden producirse por otros procesos naturales o por actividades humanas.
Algunos movimientos sísmicos ocurren cuando el magma asciende en una zona volcánica. Otros se deben al hundimiento de cavidades subterráneas o a grandes deslizamientos de tierra. Además, ciertas actividades, como la extracción de minerales, la inyección de líquidos en el subsuelo o la construcción de grandes presas, pueden modificar las presiones de las rocas y provocar pequeños terremotos inducidos.
- Terremotos tectónicos: se originan por la ruptura o el deslizamiento de una falla.
- Terremotos volcánicos: están vinculados al movimiento del magma y los gases.
- Réplicas: son movimientos posteriores al terremoto principal mientras la zona se reajusta.
- Precursores: son pequeños sismos que pueden aparecer antes de algunos terremotos, aunque no permiten predecirlos siempre.
¿Qué consecuencias puede tener un terremoto?
Cuando las ondas sísmicas alcanzan la superficie, pueden hacer oscilar o romper construcciones, abrir grietas en el terreno y provocar desprendimientos. Si el terremoto ocurre bajo el mar y desplaza una gran cantidad de agua, puede generar un tsunami, formado por olas que se extienden hacia las costas.
Los científicos registran estos fenómenos con sismómetros. La magnitud indica la energía liberada por el terremoto, mientras que la intensidad describe sus efectos en un lugar concreto. Por eso un sismo de gran magnitud puede causar daños diferentes según la distancia, la calidad de los edificios y la preparación de la población.
Aunque todavía no es posible saber con exactitud el día y el lugar de un terremoto, sí se pueden reducir sus consecuencias. Diseñar construcciones resistentes, conocer las rutas de evacuación y protegerse durante el movimiento —agachándose, cubriéndose y sujetándose— son medidas fundamentales. Comprender cómo se produce un terremoto ayuda a respetar la fuerza de la naturaleza y a estar mejor preparados.

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